Citas sobre "Núcleos"

La verdadera justicia de sentimientos sólo es posible cuando está dominada por una actitud que ya no tiende a justificarse por la reciprocidad, sino por la libre fuerza creativa del corazón, que despierta el verdadero amor, que ya no depende de la actitud del otro, es libre para la realización de su esencia. Está más allá de las tensiones de la justicia. Puede erradicar y superar el odio y practicar la auténtica justicia del corazón. El verdadero amor enseña a entender quién es el otro en lo más íntimo de su persona, en qué consiste su injusticia, hasta qué punto quizá no sea injusticia, en su sentido más profundo, sino herencia, fatalidad, miseria humana.

Las diferencias en talento, inteligencia, conocimiento, son despreciables en comparación con la identidad de la esencia humana común a todos los hombres. Para experimentar dicha identidad es necesario penetrar desde la periferia hacia el núcleo. Si percibo en otra persona nada más que lo superficial, percibo principalmente las diferencias, lo que nos separa. Si penetro hasta el núcleo, percibo nuestra identidad, el hecho de nuestra hermandad. Esta relación de centro a centro —en lugar de la de periferia a periferia— es una «relación central».

El amor a la vida es el núcleo, un núcleo muy concreto y real, de todo tipo de amor. Quien crea que ama a los seres humanos sin amar la vida, puede desear apegarse a otra persona, pero no amarla de verdad. Nos imaginamos entonces a una persona que ama todo lo que crece y está vivo, que se siente atraída por el crecimiento infantil, por la maduración. Para semejante persona, incluso lo que no está vivo, como una piedra o el agua, se convierte en algo vivo.

El amor sólo es posible cuando dos personas se comunican entre sí desde el centro de sus existencias, por lo tanto, cuando cada una de ellas se experimenta a sí misma desde el centro de su existencia. Experimentado en esa forma, el amor es un desafío constante; no un lugar de reposo, sino un moverse, crecer, trabajar juntos; que haya armonía o conflicto, alegría o tristeza, es secundario con respecto al hecho fundamental de que dos seres se experimentan desde la esencia de su existencia, de que son el uno con el otro al ser uno consigo mismo y no al huir de sí mismos. Sólo hay una prueba de la presencia de amor: la hondura de la relación y la vitalidad y la fuerza de cada una de las personas implicadas; es por tales frutos por los que se reconoce al amor.

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