Libro 1 de Confesiones de San Agustín

17 abril 2020

El libro I de Confesiones narra – en actitud confesante y de alabanza a Dios – los primeros años de vida de San Agustín. Un relato inédito, pues la aparente vulgaridad de su infancia, se ve salpicada de pensamientos profundos y trascendentales. El tiempo, la contingencia de Dios, la Trinidad, el pecado, la moral o la naturaleza humana son sólo algunos de los temas tratados. Las preguntas planteadas en los 6 primeros capítulos del libro I serán contestadas en los 4 libros conclusivos. Por eso se dice que el libro I es un pórtico de entrada a la obra, una presentación argumental. Veamos más en detalle por qué.

Capítulo I

Este capítulo es una alabanza a Dios Creador. Se desarrolla más adelante en libro XIII 1-5 (hijos de la voluntad de Dios) y 10 (el hombre descansa en el Espíritu Santo)

¿Qué es antes: invocar alabando a Dios o conocerlo?

La búsqueda de Dios se inicia con la fe y después con el conocimiento. La fe está infundida en nuestra alma, es una gracia de Dios, que está en todas las cosas. Cristo alimenta la fe.

Relación con el resto del libro

Se responde a esta pregunta en X, 26-34 que siempre tiene el hombre cierto saber sobre Dios, y en XIII, 9.43-48 que a Dios lo alaba la mera existencia de los seres.

Capítulo II

Trinidad de Rublëv

Se plantea la pregunta de si hay algo en el hombre que abarque a Dios.

Relación con el resto del libro

En X, 15.26.35-37 se lee que el hombre no comprende su propia memoria –no la abarca, por tanto–, pero que ella sabe algo sobre Dios.

En XIII, 12 se dice que, si bien el conjunto formado por la existencia, el conocimiento y la voluntad humanos es imagen de la Trinidad divina, esta continúa incomprensible para el hombre; lo que nada sorprende, si se tiene en cuenta que él ni siquiera se conoce a sí mismo, pues no entiende del todo su propia estructura trinitaria interna.

Capítulo III

El Señor llena el cielo y la tierra, ¿se puede decir que lo abarca? Los libros once y doce justificarán ampliamente la respuesta negativa. Con la imagen de Dios dibujada por contrastes.

Capítulo IV

San Agustín dibuja una imagen de Dios por contrastes

Agustín describe a Dios: fuerte, bello, inmutable, estable, inaccesiblemente secreto y vívamente presente. Hace envejecer a los soberbios: sólo envejece quien no ama. Todo lo que tenemos, empezando por nuestra existencia, es suyo.

Relación con el resto del libro

Con la imagen de Dios dibujada por contrastes en I, 4 –por eso tan fascinante y cercana a los seres humanos, a su vez, tan indefinibles por paradójicos– forma pareja la que de Dios siempre activo y siempre quieto diseña XIII, 52.

Capítulo V

Agustín siente ansia de que Dios vaya a su corazón para olvidar sus males. Es lo único que tenemos. Dios es nuestra salud lo único que nos purifica: «Angosta morada es mi alma; ensánchamela, para que puedas venir a ella. Está en ruinas: repárala».

Relación con el resto del libro

¿Tienen sentido –pregunta I, 5– las amenazas de Dios contra quien no lo ama? Sí, responde X, 30-34: porque por sí mismo, no por una voluntad exterior, arbitraria, ese desamor lleva a la infelicidad; sí, contesta XIII, 3-10: porque, sin la luz, que es Dios, el hombre sólo tiniebla es y posee.

Capítulo VI

Lo que recibimos de los demás viene de Dios a través de ellos. Mi pañuelo en Medjugorje, los higos con Anna y el amanecer en Fátima.

Las etapas vitales mueren, sólo Dios permanece. Los nombres van muriendo conforme pasamos etapas. Por ejemplo: María Reina de las Naciones o Que soy era la Inmaculada Concepción (Lourdes)

Dios existe antes del tiempo. Es el origen inmutable de todas las cosas mudables. ¿Qué fue de mí, Dios y dulzura mía, antes de eso? ¿Fui alguien y estuve en alguna parte? Porque esto no me lo pueden decir ni mi padre ni mi madre, ni la experiencia de otros, ni mi propio recuerdo. Como un juguete desactivado en almacén antes de ser vendido.

Dios contiene todas las cosas con todos sus cambios. Y porque tus años no pasan (Sal 101,28), tú vives en un eterno día, en un eterno Hoy.

Tú eres siempre el mismo (Sal 101,28); y todo lo que está por venir en el más hondo futuro y lo que ya pasó, hasta en la más remota distancia, Hoy lo harás, Hoy lo hiciste. ¿Y qué más da si alguno no lo entiende? Alégrese cuando pregunta: «¿qué es esto?». Porque más le vale encontrarte sin haber resuelto tus enigmas, que resolverlos y no encontrarte.

Por eso tenemos que amar y hacer un universo amable.

Relación con el resto del libro

La sobria confesión agustiniana del pecado en I, 6 corresponde al despiadado examen de conciencia en X, 39-64. El deseo de no pleitear con Dios, formulado asimismo en I, 6, se explica en X, 1-3.

Capítulos VII – X

Dios creó todo menos el pecado con el que nace el hombre. Agustín sabe que niño muchas veces no es reprendido ni mimado por su bien. Dios no nos reprende por nuestra ignorancia: «perdónalos porque no saben lo que hacen».

Capítulos XI – XII

WikipediaArchivo:San Agustin y Santa Mónica – Santa que no abandonó su cruz por amor a Dios

Agustín se crío en una familia donde todos eran creyentes menos su padre. Santa Mónica – su madre – era una Santa que quería que:

No él (el padre biológico) sino Tú (Dios) fueras mi Padre; y tú la ayudabas a sobreponerse a quien bien servía siendo ella mejor, pues al servirlo a él por tu mandato, a ti te servía.

Se sirve y se recibe de Dios a través de terceras personas

Mónica difirió el bautismo de Agustín sabedora de las tentaciones que sufriría su hijo en la niñez. Así no exponía la efigie de Cristo al pecado. Nadie obra bien cuando le fuerzan a hacer cosas.

Capítulos XIII – XVII

En su niñez adulta se aleja de Dios en lo que llama su propia muerte. Pecados de fornicación inducidos por la vanidad de los clásicos griegos (Homero, Virgilio) Para aprender es mejor la curiosidad que la temerosa coacción. El griego era una barrera puesta por Dios para Agustín, que lo liberaba de la espontaneidad y pestilentes alegrías. Las leyendas homéricas eran vicios cohonestados (estupro de Júpiter) de maestros ébrios.

Capítulos XVIII – XX

Cultura griega cuida las palabras poniéndolas al servicio de la concupiscencia. Y Dios con su silencio calla ante esto como el padre que observa a su hijo. Descarriado en el pecado, Agustín busca a Dios por caminos que no son de este mundo. Halla a la conciencia dentro de sí – más ligada a él que la literatura griega – que le orienta hacia la salvación.

Los pasiones de la infancia con el tiempo se transforman en pecados graves. Por eso es importante ser como niños. Pero durante mi infancia era protegido sin saberlo por un instinto interior: mi ansia de verdad, mis dones y mi existencia. Todo esto me venía de mi Dios, pues yo no me di a mí mismo semejantes dones. Cosas buenas eran, y todas ellas eran mi yo. Pero pecaba yo, por cuanto buscaba la verdad, la deleitación y la sublimidad no en Él, sino en mí mismo y en las demás criaturas; y por esto me precipitaba en el dolor, la confusión y el error.


Las Confesiones
  • de Hipona, San Agustín (Author)

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