Introducción al pensamiento humilde y sencillo de Santa Teresa de Lisieux

 reseñó
4.2
15 enero 2020

Estamos ante una Santa admirada por creyentes y no creyentes. Los Ortodoxos rusos sienten simpatía por ella junto a San Francisco de Asís. La biografía de Santa Teresa de Lisieux será útil para los que buscan una vida de entrega, un modo sencillo y exigente a la vez para caminar junto a Jesús en todas las situaciones de la vida. Su pensamiento arrojará luz para «todos los gustos, menos para los que van por caminos extraordinarios».

Llegada a este libro

Inicio esta lectura en búsqueda de humildad y sencillez. La reconciliación con el árido páramo de la vida ordinaria. Tantas veces el orgullo termina alejándonos de nuestra realidad. La caída es tan dura. Somos esclavos de nuestras pasiones. Claustrofobia vital. Sólo un alma sencilla podría liberarnos de las cadenas de la cotidianidad. Los textos de este artículo están recogidos del capítulo introductorio del libro Historia de un alma.

Vida interior

Es la Santa que mejor conocemos por los testigos y sus escritos que dieron fe de su mundo interior. Su vida interior se caracteriza por su realismo, claridad, transparencia. Todo en ella era perceptible. Ella se afana en conocer el pensamiento interno de los demás, no los hechos externos o las interpretaciones de terceros sobre la persona. Hay que conocer la vida real de la gente principalmente la mirada desde el interior.

Su vida externa fue completamente ordinaria: sin grandes empresas al servicio de la Iglesia ni fenómenos místicos.

La obra de la santificación se realiza en el interior de la persona y que de allí se proyecta al exterior. Lo que Dios observa y aprecia es precisamente lo que se produce en la intimidad, de cara a Dios.

La vida ordinaria de cada día con su monotonía y problemas ofrece suficiente espacio para levantar el grandioso monumento de la santidad. La santidad al alcance de todos. No se requieren cualidades especiales.

Por ejemplo, para ofrecerse como víctima de holocausto al Amor misericordioso de Dios. Lo único que se exige es reconocerse pequeño y débil. Jesús se abajará, le cogerá en sus brazos y lo elevará. Son precisamente los «pequeños» quienes se encuentran en las mejores condiciones para dejar a Dios realizar en ellos su obra de misericordia y amor.

Concepto de Dios

Descubre un Dios misericordioso, compasivo, humilde, que se abaja hasta mendigar nuestro pobre amor. Tenemos que vernos con ese Dios. De ahí se deduce cómo hemos de proceder y qué actitud hemos de tomar frente a Él y su proyecto. Así comprenderemos los secretos de Dios y escalaremos las cimas más altas de la montaña del Amor.

Conseguiremos una alegría que ella califica de no gustada. Es una paz, que brota de la convicción de estar comportándose como Jesús quiere.

Dios comprensivo con nuestra debilidad y miseria.

Carácter

No es superficial ni nada infantil. Se define como bebé que piensa como un anciano. Tiene pensamientos de creyente muy madura, esa interpretación desde la fe de lo que podía y creía tener que hacer en cada circunstancia, con paz y alegría, por lo menos íntima. Se sabe con defectos que no podrá eliminar pero esto no le quita esperanza de ser santa.

Su concepto de santidad

Teresa no entiende la santidad como una serie de obras que tenemos que ejecutar o vicios que extirpar. Su planteamiento es más sencillo. Se trata de «ser lo que Dios quiere que seamos» en cada momento y situación. Consiste en aceptar la realidad y comportarse en esta situación tal como entiende que Jesús espera de ella. Tan santas y provechosas pueden ser la sequedad y las tinieblas como la luz y el gozo.

Propone alta santidad basada en la sencillez, que es la que atrae a personas ignorantes y sencillas como las que siguieron a Jesús.

Ella entiende la santidad como la obra que Dios, abajándose, ejercitando su amor como misericordia, o sea, como amor que perdona constantemente y purifica el alma, realiza en la pobre, débil y frágil criatura humana. Lo importante es comprender esto y ofrecerse humildemente a ser objeto de las operaciones divinas. Exige renuncia y humildad. Sobre todo, humildad.

Modo de proceder

No parte de teorías o cosas abstractas, sino de su propia experiencia. Siempre supone el plan de Dios, la llamada a la santidad. Pero no se pone a analizar el proyecto divino. Procede así:

  • Reconoce su propia pobreza e impotencia. Pero esto no la desanima.
  • Está segura de que Dios la ama y que las aspiraciones de llegar a ser una gran santa son realizables. Si no, Dios no se las hubiera inspirado. Él no sugiere ideas irrealizables.
  • Por lo tanto, tiene que ser santa tal como es.

¿Cómo se realiza esto? Aquí está su gran descubrimiento. Comprende que Dios está tan empeñado en amarla y santificarla que se abaja hasta su pequeñez, se pone a su nivel y se establece allí. Ella no tiene la sensación de ser elevada, sublimada, junto a Dios, y es que ha sido Él quien se ha acercado a su pequeñez.

Cuando piensa, o mejor, cuando Dios le inspira la idea de ofrecerse a él como víctima, se ofrece como víctima al Amor Misericordioso. Es una idea genial. Supone una percepción lúcida de la obra que el Señor tiene determinado realizar en nosotros, débiles e imperfectas criaturas.

Sobre el abajamiento

«Lo propio del amor es abajarse». Ahí se ve la calidad del amor. El verdadero amor no es un paternalismo, que ayuda desde lejos, desde otra esfera, sino el gesto que lleva a solidarizarse, a compartir la vida, los problemas y los sufrimientos del ser amado. Es el amor que sabe humillarse, perdonar, pues si no se humilla ni sabe perdonar no es verdadero amor.

El Dios trascendente se complace y encuentra su satisfacción en ello. Nos ha hecho así de pobres e imperfectos porque en abajarse y amarnos desahoga su amor.

Su hermana lloraba de despecho porque veía que nunca llegaría a ser perfecta, a dominar sus impulsos, le escribe lo siguiente: «A veces comprobamos que estamos deseando lo que brilla. Coloquémonos entonces entre los imperfectos, estimémonos como almas pequeñas a las que Dios ha de sostener a cada instante. Cuando él nos ve bien convencidas de nuestra nada, nos tiende la mano… Sí, basta humillarse, soportar con dulzura las propias imperfecciones: he ahí la verdadera santidad».

Resumen de su vida

La vida

Gran vida interior desarrollada en convento pequeño. Se dedica a conocer a Dios leyendo Evangelio. Su doctrina se basa en su propia experiencia y destila realismo.

Teresa despierta a la vida (1873-1877)

Nace en Alençon en familia devota cristiana de militares. La muerte de su madre le cambia carácter vivo y expansivo a tímida, dulce y extremadamente sensible.

En Lisieux (1877-1881)

Su tío materno les alquila casa en Lisieux. Vive feliz en entorno femenino.

En el colegio (1881-1886)

Curación gracias a Nuestra Señora de las Victorias de París

Es muy inteligente pero no sabe relacionarse. Mostraba siempre tristeza y melancolía. No comprendía el valor del sacrificio al llorar marcha de Paulina a convento. Tiene breve enfermedad nerviosa que cree causada por Enemigo: temblores, miedos y alucinaciones. Virgen le sana. Le gusta la lectura. Sueña con gloria de Juana de Arco. Dios le dice que su destino real es esconderse y practicar la virtud. Su gloria estará oculto a ojos mortales. Es la Santa de la confianza: ella se lanza a hacer cosas y Dios le asiste.

Estudiando en casa (1886-1887)

Se queda sin apoyo humano al marchar su otra hermana mayor al convento. Un obstáculo es su excesiva sensibilidad: siempre a punto de llorar.

La adolescencia (Navidad de 1886 – Abril de 1888)

Al superar su excesiva sensibilidad salió de su egocentrismo. Hasta este momento vivía encerrada en sí misma, en sus problemas. Desde ahora empieza a abrirse, a preocuparse de los demás. Lo dice con esta frase rotunda: «Sentí que entraba en mi corazón la caridad, la necesidad de olvidarme para complacer a los demás y desde entonces fui feliz» (MsA 45vº). Empieza por practicar la caridad espiritual, por procurar la conversión de los pecadores. Jesús tiene sed de almas y espera su colaboración.

La gran peregrinación (4 de Noviembre – 2 de Diciembre de 1887)

El Niño Jesús duerme. Parece que se olvida de Teresa. Pero esta, a pesar de su pena, no pierde la paz interior. Se está acostumbrando a asumir contradicciones y decepciones. Es cierto que el objetivo que se había propuesto ha fallado, pero ha adquirido conocimientos.

Las dificultades que le ponen los hombres y el silencio de Jesús, que no sale a echarle una mano, le enseñan la doctrina del «abandono» (MsA 68rº), la virtud que caracteriza a los creyentes que se ponen incondicionalmente en las manos de Dios. El Niño Jesús continúa dormido pero se comunica por medio de algunas personas.

Hay que empezar a ser santo desde ahora mismo. El tiempo es precioso. No hay que perderlo. La vida, sobre todo la de algunos, es muy breve, y es preciso aprovecharla minuto a minuto.

Ingresa en el Carmelo (9 de Abril de 1888)

Entra sin hacerse ilusiones utópicas. Es realista. Siente una alegría «tranquila». También sequedad en la oración e intranquilidad interior, residuo de los escrúpulos no del todo superados. La severidad que la Priora usó con ella fue providencial. Le ayudó a madurar.

La toma de hábito (10 de Enero de 1889)

Tiempo de sequedad espiritual. Privada de todo consuelo espiritual. A pesar de ello no pierde la paz interior, pues «cree estar como Jesús quiere que esté» (C 54). Está totalmente a disposición de Jesús.

La fe le sugiere cómo sacar provecho de los males. La obra de destrucción que se opera en su padre descubrirá algo de lo que significa la figura del Siervo Sufriente y la Santa Faz de Jesús. Piensa en amar a Dios «como nunca ha sido amado» (C 51). Humillado, «el grano de arena» pone manos a la obra. «Sin alegría, sin ánimo y sin fuerzas, y todos estos títulos le facilitarán la empresa; quiere trabajar por amor».

En la monótona vida del noviciado se dedica a «practicar las pequeñas virtudes» (MsA 74vº). Tal vez lo más duro es que «no encuentra ningún consuelo en su vida de oración». Cae en la cuenta de que en aquella prisa por consagrarse a Dios no todo era amor puro. Había una buena dosis de amor propio.

La profesión religiosa (8 de Septiembre de 1890)

Aridez. Dios se comunica de forma insensible.

Los años oscuros (1890-1893)

Encuentra el verdadero sentido religioso de la «monotonía del sacrificio» (C 85). Ha dado con el meollo de la vida monástica. Se siente como un «granito de arena». Todos lo pueden pisar, y no sólo pisarlo, sino olvidarlo, que es lo más duro. Amarle sin compensación. Falta de respuesta sensible de Jesús.

Priorato de la M. Inés de Jesús (1893-1896)

Aprende que a Dios no se le conquista. A Dios, se le acepta. Él se da. «Él se quiere reservar para sí la dulzura de dar» (C 121). A nosotros nos toca respetarle, aceptarle desde nuestra pequeñez y debilidad. Nuestra misión es la de ser sencillos e insignificantes.

Muere su padre. Pide al Señor una señal de que ha ido al cielo y se la concede.

Sigue hundida en la sequedad, pero a veces hasta las tinieblas resultan luminosas. Así constata la monjita. Esa pobreza que experimenta, la ausencia de Jesús, que permanece siempre dormido, tiene una extraordinaria fuerza purificadora. Su pensamiento religioso va madurando enormemente

Año 1895: el Manuscrito «A»

Acción de Dios paradigmática

Descubre la presencia y la acción de Dios en la vida de una persona. Y esa vida es un paradigma, un modelo. Es como decir: así es Dios y actúa de esta manera. Se trata de la manera de conducirse de Dios con las distintas personas. A algunas las inunda de gracias como a ella, a otras, aparentemente, no les concede ni lo más elemental, ni siquiera la fe. A pesar de ello, Dios tiene que ser necesariamente bueno, justo y hasta generoso con todos.

¿Cómo se explica esto? Como en la naturaleza hay flores de distintas dimensiones y colores y todas, cada cual desde su condición, contribuyen a la belleza general, lo mismo ocurre en el reino de las almas. Hace falta que cada una acepte su propia condición y puesto. La obra de Dios se desarrolla en todos con la misma perfección tanto en los grandes santos como en las almas pequeñas y en los mismos salvajes que no tienen otra brújula que la ley natural. Hay que reconocer y aceptar así el plan de Dios. «La perfección consiste en ser lo que Dios quiere que seamos».

Camino escalera de abajamiento y confianza

Lo más admirable que encuentra en Dios es ver cómo se abaja, cómo se humilla, para amarnos en nuestra pequeñez e imperfección. Dios desea amar a las criaturas y necesita personas que se le ofrezcan como víctimas para aceptar ese amor y tratar de corresponderle. Dios se muestra como un menesteroso que mendiga nuestro amor.

Cultiva la fraternidad espiritual escribiéndose con misioneros. Les enseña su camino del amor y de la confianza». Su «camino completamente nuevo», un verdadero atajo para llegar pronto y con seguridad a la cumbre de la montaña de la santidad. Es como un ascensor que eleva a uno. Está hecho para los niños, para los que son demasiado pequeños «para subir la ruda escalera de la perfección

Año 1896

Primer síntoma enfermedad que la mataría, hemoptosis: dulce murmullo anunciando la venida del Esposo. Aquí el tercer acontecimiento espiritual de su vida: prueba de fe. Jesús permite que su idea del cielo sea un tormento y se ponga en cuestión.

Redacción del Manuscrito «B»

Escribe su «Pequeña doctrina» donde explica cómo ve a Dios y cómo se siente ella ante él y qué cree que él quiere y espera de ella. Dios no le pide grandes cosas. Nada más que abandono y gratitud. Solamente eso. No todos comprenden el amor que Dios les profesa, la obra maravillosa que proyecta realizar en ellos. No se fían y huyen de él.

No le arredra su pequeñez. Muy al contrario, le parece que es muy normal que Dios escoja a sus víctimas de amor entre los insignificantes y los débiles pues «lo propio del amor es abajarse»

Año 1897

Va perdiendo salud. Ve muerte cercana, la acepta pensando que salvará almas desde el cielo.

Manuscrito «C»

Full title: The Virgin in Prayer Artist: Sassoferrato Date made: 1640-50 Source: http://www.nationalgalleryimages.co.uk/ Contact: picture.library@nationalgallery.co.uk Copyright ?? The National Gallery, London

Empieza a sufrir mucho, su fe depende de un hilito, de la misericordia y bondad de Dios. Ahora comprende a los ateos. Tiene tentaciones de fe, dudas. Esta tentación la libera de todo residuo de autosuficiencia espiritual, de toda confianza en sí misa y en sus obras. Sólo apoyándose en Dios puede mover la tierra. Posee para ello la palanca de la oración y del amor. Toma el Evangelio y descubre en él las huellas de Jesús. Le encanta la Magdalena. Destaca su amorosa audacia.

La muerte de amor

Sumergida como está en la oscuridad y asediada por tentaciones contra la fe, no aparecen los transportes de amor que san Juan de la Cruz afirma que acompañan a la muerte de amor, comprende que existe otro género de muerte de amor. Es la que el Padre preparó para Jesús en la cruz. La muerte del Hijo amado no se produjo entre transportes gozosos de amor sino en la oscuridad y el abandono. «Nuestro Señor murió en la cruz, entre angustias, y sin embargo, fue la suya la más bella muerte de amor… Os confieso francamente: eso es lo que me parece que experimento yo misma».

Su muerte

Muerte sin repercusión. Gloria oculta a ojos de los mortales.

Su fama después de la muerte

Sus escritos acabaron de descubrir lo que aquella vida, extraordinariamente sencilla y vulgar, encerraba de admirable. En su interior había un mundo, se había desarrollado una vida, que nadie había sospechado. Empiezan a llegar peregrinos a su tumba. Es canonizada ante 500.000 personas. Su doctrina se considera orientadora para los seguidores de Cristo.


Historia de un alma
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Historia de un alma
  • De Lisieux, Teresa (Author)

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