Manuscrito «C» de Historia de un Alma

 reseñó
4.2
21 enero 2020

Historia de un Alma es el libro de memorias de Santa Teresa de Lisieux. Está dividido en 3 manuscritos. No son manuscritos biográficos sino que recogen de propia mano los pensamientos espirituales de la Santa. El Manuscrito C contiene reflexiones sobre: el amor verdadero, el sacrificio, la oración, el sufrimiento, la pobreza, generosidad, etc. Se revelan pensamientos de una gran profundidad teológica. Se recogen en este artículo las notas que he tomado durante la lectura. En su mayoría textos del libro. Veamos cuáles son.

Índice del Manuscrito C

  • Capítulo 10 La prueba de la fe (1896-1897)
    • Teresa y su Priora.
    • El ascensor divino.
    • Primera hemoptisis.
    • A la mesa de los pecadores.
    • La llamada a las misiones.
    • Qué es la caridad.
  • Capítulo 11 Lo que me has dado (1896-1897)
    • Novicias y hermanos espirituales.
    • Instrumentos de Dios.
    • El pincelito.
    • Poder de la oración y del sacrificio.
    • La hermana San Pedro.
    • Dos misioneros.
    • Atráeme y correremos.
    • Fin del manuscrito «C».

Capítulo 10 La prueba de la fe (1896-1897)

Humillación como sol para crecer

Jesús ha querido cambiar la manera de hacer crecer su florecilla. Encontraba, sin duda, que estaba bastante regada, pues ahora lo que la hace crecer es el sol.

Preservada del agua de las alabanzas mientras su pequeño cáliz no estaba aún suficientemente lleno del rocío de la humillación. Ahora, ya no hay peligro, por el contrario, la florecilla halla tan delicioso el rocío de que está llena, que se guardaría muy bien de trocarlo por el agua tan insípida de los halagos. ¡Qué diversos son los caminos por los que el Señor conduce a las almas!

Todos los caminos son igualmente agradables, puesto que todos siguieron la moción del Espíritu Santo, y el Señor ha dicho: «Digan al justo que TODO está bien». Sí, todo está bien cuando no se busca más que la voluntad de Jesús.

Ascensor divino

Dios no podría inspirar deseos irrealizables, por lo tanto, a pesar de mi pequeñez, puedo aspirar a la santidad. Agrandarme, es imposible. Debo soportarme tal como soy, con todas mis imperfecciones; pero quiero buscar el medio de ir al cielo por un camino muy derecho, muy corto, un caminito enteramente nuevo.

Debemos encontrar un ascensor para elevarme hasta Jesús, pues soy demasiado pequeña para subir la dura escalera de la perfección. Si alguno es pequeñito, que venga a mí: «Como un hombre es acariciado por su madre, así os consolaré yo, seréis llevados en brazos y acariciados sobre las rodillas».

El ascensor que ha de elevarme hasta el cielo son tus brazos, Jesús. Y para esto, no necesito crecer, por el contrario, es menester que permanezca pequeña y que cada vez lo sea más.

Mi superiora se acordó de que a menudo el Señor se complace en conceder la sabiduría a los pequeños. Prefiero reconocer con sencillez que el Todopoderoso ha hecho grandes cosas en el alma de esta hija de su divina Madre, y la mayor es haberle mostrado su pequeñez, su impotencia.

Primera hemoptosis: necesarias tinieblas por pérdida de fe por abuso de gracias

Si bien en mi infancia sufrí con tristeza, no sufro así ahora sino con alegría y paz: estoy realmente feliz de sufrir. Dios me otorgó el consuelo de observar el ayuno cuaresmal en todo su rigor. Nunca me había sentido tan fuerte.

Teresa vomitó sangre. Era como un murmullo dulce y lejano que me anunciaba la llegada del Esposo. Fe tan viva, tan clara, que el pensamiento del cielo constituía toda mi dicha.

Jesús me hizo comprender que hay verdaderamente almas que no tienen fe, que por el abuso de las gracias pierden ese precioso tesoro, fuente de las únicas alegrías puras y verdaderas. Permitió que mi alma fuese invadida por las más espesas tinieblas y que el pensamiento del cielo, tan dulce para mí, no me sea más que un motivo de combate y de tormento.

Ejemplo país de las tinieblas: la mesa de los pecadores

He nacido en una región rodeada por una niebla espesa. Nunca contemplé el aspecto risueño de la naturaleza invadida y transfigurada por el sol radiante. Es verdad que desde mi infancia oí hablar de esas maravillas. Sé que la región donde he nacido no es mi patria, que hay otra a la cual debo aspirar incesantemente.

No es un cuento inventado por algún habitante del triste país en que vivo, sino una realidad cierta, puesto que el Rey de la patria del sol brillante ha venido a vivir treinta y tres años [6rº] en el país de las tinieblas. ¡Ay! las tinieblas no comprendieron que ese Rey divino era la luz del mundo. Pero tu hija, Señor, ha comprendido tu luz divina.

Ella te pide perdón por sus hermanos, acepta comer por todo el tiempo que quieras el pan del dolor. Ten piedad de nosotros, Señor, que somos pobres pecadores. Si es necesario que la mesa mancillada por ellos sea purificada por un alma que te ama, quiero comer allí sola el pan de la prueba hasta que te plazca introducirme en tu reino de luz.

Tengo la certeza de que algún día me alejaría del país triste y tenebroso. No sólo lo creía porque lo oía decir a personas que sabían más que yo sino también porque sentía en el fondo de mi corazón aspiraciones hacia una región más hermosa. Así como el genio de Cristóbal Colón tenía fe en la existencia de América.

Cuando mi enemigo viene a provocarme, actúo como un valiente; sabiendo que es cobardía batirse en duelo, doy la espalda a mi adversario sin dignarme mirarlo a la cara. En cambio, corro hacia mi Jesús y le digo que estoy dispuesta a derramar hasta la última gota de mi sangre por confesar que hay un cielo. Porque, ¿hay alegría más grande que sufrir por tu amor? Cuanto más íntimo es el sufrimiento, menos aparece a los ojos de las criaturas y tanto más te alegra a ti.

Llamada a las misiones

¡Qué bueno y agradable es que los hermanos vivan unidos! Pero esta unión acá en la tierra, ha de darse en medio de sacrificios. No vine al Carmelo para vivir con mis hermanas. Vine únicamente para responder a la llamada de Jesús. Presentía muy claramente que sería un motivo de continuo sufrimiento vivir con sus hermanas cuando no se quiere conceder nada a la naturaleza.

Hasta en el Carmelo podría haber separaciones y que sólo en el cielo la unión será completa y eterna. Tengo deseo apostólico para lo que es necesario una vocación muy especial. Mi delicada salud ofrecía un obstáculo. Sé muy bien que tal obstáculo desaparecería si Dios me llamara a ir lejos, por eso vivo sin inquietud alguna.

Aquí me quieren usted y todas mis hermanas y este cariño me es muy dulce. Por eso sueño con un monasterio donde sea desconocida, donde tenga que padecer la pobreza, la falta de cariño, en una palabra, el exilio del corazón.

El sufrimiento mismo se convierte en la mayor de las alegrías cuando se lo busca como el más precioso de los tesoros. De ningún modo querría partir con la intención de gozar del fruto de mis trabajos: si esa fuera mi finalidad no sentiría esa dulce paz que me inunda y hasta sufriría por no poder realizar mi vocación para las lejanas misiones. Desde hace mucho tiempo no me pertenezco.

La caridad

Qué hermoso el voto de obediencia ¡Qué felices son las simples religiosas! Siendo su única brújula la voluntad de los superiores. El Señor ha aumentado mucho en mi corazón el espíritu de fe que me hace ver en usted no sólo una madre que me ama y a quien yo amo, sino sobre todo a Jesús viviendo en su alma y comunicándome por su intermedio su voluntad.

Dios me ha hecho la gracia de hacerme comprender qué es la caridad. Antes lo comprendía, es verdad, pero de manera imperfecta.

¿Cómo amó Jesús a sus discípulos y por qué los amó? No lo podían atraer por sus cualidades naturales: entre ellos y él había una distancia infinita. Él era la ciencia, la Sabiduría eterna, y ellos eran pobres pescadores, ignorantes y llenos de pensamientos terrenos. Sin embargo, Jesús los llama amigos suyos, hermanos suyos.

La caridad perfecta consiste en soportar los defectos de los otros, en no asombrarse por sus flaquezas, en edificarse con los más pequeños actos de virtud que se les vea practicar, pero, sobre todo, he comprendido que la caridad no debe permanecer encerrada en el fondo del corazón: «No se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a TODOS los que están en la casa».

Un mandamiento nuevo

Jesús dio a sus apóstoles un mandamiento nuevo, SU PROPIO MANDAMIENTO, como lo dice más adelante, ya no habla de amar al prójimo como a sí mismo sino de amarlo como él, Jesús, lo ha amado.

Jesús, Tú conoces mejor que yo mi debilidad, mi imperfección, sabes muy bien que jamás podría amar a mis hermanas como Tú las amas, si tú mismo, Jesús mío, no las amaras también en mí. Tu voluntad es amar en mí a todos aquellos a quienes me ordenas amar. Estoy convencida de que cuando ejercito la caridad, es Jesús sólo quien obra en mí: cuanto más unida a Él estoy, tanto más amo a todas mis hermanas.

Cuando quiero aumentar en mí el amor, y sobre todo, cuando el demonio intenta poner ante los ojos de mi alma los defectos de tal o cual hermana que me resulta menos simpática, me apresuro a descubrir sus virtudes, sus buenos deseos, me digo que si la he visto caer una vez quizá ha ganado [13rº] muchas victorias que oculta por humildad, y que esa aparente falta sea tal vez, a causa de la intención, un acto de virtud.

Nunca hay que juzgar

Ejemplo. Enseguida comencé a quitarme el delantal pero bastante lentamente para que mi compañera se hubiera quitado el suyo antes que yo, pues pensaba darle un gusto si la dejaba ir como tercera. Toda la comunidad creyó que yo había obrado así mal, cediendo a mi naturaleza.

No podría decir cuánto bien hizo a mi alma cosa tan pequeñita y me volví indulgente con las debilidades del prójimo. Esto me impide también caer en la vanidad cuando se me juzga favorablemente, pues me digo: puesto que mis pequeños actos de virtud se toman por imperfecciones, también se pueden [13vº] equivocar al tomar por virtud lo que no es más que imperfección. Digo con san Pablo: «En cuanto a mí poco me importa que me juzguéis vosotros o un tribunal humano; ni siquiera yo mismo me juzgo… mi juez es EL SEÑOR».

La hermana desagradable: obras son amores y admirad belleza

La caridad no ha de consistir en los sentimientos sino en las obras y [14rº] puse todo mi empeño en hacer por esta hermana lo que hubiera hecho por la persona más amada. Cada vez que me la encontraba rezaba al Señor por ella, ofreciéndole todas sus virtudes y sus méritos. Sentía que esto agradaba a Jesús, porque no hay artista a quien no le guste ser alabado por sus obras, y Jesús, el Artista de las almas, es feliz cuando uno no se detiene en lo exterior, sino que penetrando hasta el santuario íntimo que él se eligió para morada, se admira su belleza.

El poder de la deserción y ver el «Jesús escondido»

Cuando me encontraba con esta hermana desagradable rezaba por ella, la sonreía y le hacía favores. Si mis luchas eran demasiado violentas, huía como un desertor. Lo que me atraía era Jesús escondido en el fondo de su alma… Jesús que hace dulce lo más amargo. Como ella ignoraba totalmente mis sentimientos, jamás sospechó los motivos de mi proceder y sigue convencida de que su carácter me resultaba agradable. Le respondí que sonreía porque estaba contenta de verla.

Ejemplo de huida sin buscar justificación

No lo comprendí así entonces, y empeñándome en entrar detrás de ella, aunque ella empujaba la puerta para impedir pasar, pronto ocurrió la desgracia que temíamos: el ruido que hacíamos le hizo abrir los ojos… Es Sor Teresa del Niño Jesús quien ha hecho ruido… Dios mío, qué antipática es…, etc. [15rº] Yo, que pensaba todo lo contrario, tenía muchas ganas de defenderme y justificarme ante la superiora.

Felizmente se me ocurrió una idea brillante: me dije que si empezaba a justificarme ciertamente no iba a poder conservar la paz de mi alma. Sentía también que no tenía suficiente virtud para dejar que me acusaran sin replicar. Mi última tabla de salvación era la huida. Dicho y hecho, me fui sin bombo ni platillos, dejando que la hermana continuara su discurso que se parecía a las imprecaciones de Camilo contra Roma. Eso no era valentía, ¿verdad? Pero creo sin embargo que vale más no exponerse al combate cuando la derrota es segura.

No me aflijo al ver que soy la debilidad misma, por el contrario, en ella me glorío y cuento con descubrir en mí cada día nuevas imperfecciones. Jesús me dice que hay que amar a esta hermana desagradable, que hay que rezar por ella, aunque su proceder me llevase a pensar que no me quiere: «Si amáis a aquellos que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque hasta los pecadores aman a aquellos que los aman».

Dar, ser desprendido y caridad para ensanchar el corazón

Cuando se le hace un regalo a un amigo y sobre todo es agradable proporcionarle alguna sorpresa, pero esto no es caridad porque también los pecadores lo hacen.

Si es difícil dar a todo el que pide, lo es mucho más dejarse tomar sin reclamo lo que le pertenece. «Corrí por el camino de tus mandamientos cuando tú ensanchaste mi corazón». Sólo la caridad puede ensanchar el corazón. Desde que esta dulce llama lo consume, corro con gozo por el camino de tu mandamiento NUEVO.

Decía que Jesús no quiere que yo reclame lo que me pertenece. Ello debería parecerme fácil y natural puesto que nada es mío. A los bienes de la tierra he renunciado por el voto de pobreza. No tengo, por lo tanto, derecho de quejarme si se me quita una cosa que no me pertenece. Por el contrario, debo regocijarme cuando llego a experimentar la pobreza.

Sobre el apego: pedir con humildad sin esperar nada

Encuentro los pinceles y la pintura en desorden, si ha desaparecido una regla o un cortaplumas, estoy muy cerca de perder la paciencia y debo armarme de todo mi coraje para no reclamar con amargura los objetos que me faltan. A veces hay que pedir las cosas indispensables, pero si se las pide con humildad no se falta al mandamiento de Jesús; por el contrario, se obra como los pobres que tienden la mano para recibir lo que les es necesario y si son rechazados no se extrañan, pues nadie les debe nada.

Cuando te quitan algo que te pertenece

¡Qué paz inunda el alma cuando se eleva por encima de los sentimientos de la naturaleza! No existe alegría comparable a la que siente el verdadero pobre de espíritu. Si pide con desprendimiento una cosa necesaria y no sólo se la niegan sino que además tratan de quitarle lo que tiene.

Sigue el consejo de Jesús: «Al que quiere hacerte un juicio para quitarte la túnica, déjale también el manto». Dejar el manto es, a mi parecer, renunciar a sus últimos derechos, es considerarse como la servidora, la esclava de los demás. Cuando uno ha abandonado el manto es más fácil caminar, correr, por eso añade Jesús: «y si te exige que lo acompañes un kilómetro, camina dos con él», hay [17rº] que adelantarse a los deseos, mostrarse agradecida y honrada por hacer un servicio, y si toman algo que está a mi uso, no debo dar a entender que lo lamento, sino al contrario mostrarme contenta por haber sido librada de él.

Prestar sin esperar va contra nuestra naturaleza

Para que me sea posible expresar mi pensamiento, necesito estar como pájaro solitario, y esto rara vez es mi caso. Procuro parecer contenta, y sobre todo estarlo de verdad. Felizmente no me descorazono con facilidad.

Hasta aquí le he hablado de lo exterior. Ahora querría contarle cómo comprendo [18rº] la caridad espiritual.

A veces nos vemos obligadas, por causa de los diversos empleos a rehusar un servicio. Jesús ha dicho: «No le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado». «Si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a los pecadores, para recibir de ellos lo mismo. Pero vosotros, haced el bien y PRESTAD SIN ESPERAR NADA A CAMBIO. Prestar sin esperar nada parece duro a la naturaleza. Se preferiría dar, porque una cosa que se da [18vº] ya no pertenece.

Realmente, cuando uno sabe muy bien que jamás será devuelto este tiempo que se presta, uno preferiría decir: «Se lo doy». Esto dejaría contento al amor propio porque dar es un acto más generoso que prestar y además se le hace sentir a la hermana que no se cuenta con sus servicios. ¡Qué contrarios a los sentimientos naturales son las enseñanzas de Jesús!

Capítulo 11 Lo que me has dado (1896-1897)

Origen y pertenencia de los pensamientos

Los bienes de la tierra no son míos, y que por lo tanto, si alguna vez me los quitaran, no debería tener dificultad en abstenerme de reclamarlos. Tampoco me pertenecen los bienes del cielo. Dios me los presta y puede [19rº] retirármelos sin que tenga yo derecho a quejarme. Sin embargo, los bienes que vienen directamente de Dios, los rasgos de inteligencia y los impulsos del corazón, los pensamientos profundos, todo eso constituye una riqueza a la que uno se apega como a un bien propio que nadie tiene derecho a tocar.

Si llego a pensar o decir algo [19vº] que le guste a mis hermanas, encuentro muy natural que se apoderen de ello como de un bien propio. Tal pensamiento pertenece al Espíritu Santo y no a mí, ya que san Pablo dice que sin este Espíritu de Amor no podemos llamar «Padre» a nuestro Padre que está en los cielos. Por lo tanto es muy libre de servirse de mí para ofrecer un buen pensamiento a un alma. Si creyera que este pensamiento me pertenece, sería como «el asno que llevaba las reliquias», el cual tomaba como dirigidos a él los homenajes tributados a los santos. No desprecio los pensamientos profundos que alimentan el alma y la unen a Dios, pero hace tiempo que he comprendido que no hay que apoyarse en ellos ni hacer consistir la perfección en recibir muchas luces. Los pensamientos más hermosos nada son sin las obras.

En cuanto ven un alma que recibe más luces que las otras, enseguida [20rº] sacan en conclusión que Jesús las ama menos. Siempre se ha servido de sus criaturas como de instrumentos para realizar su obra en las almas.

El pincelito

Yo soy el pincelito que Jesús eligió para pintar su imagen en las almas que usted me ha confiado. Un artista no usa un solo pincel: necesita al menos, dos. El primero es el más útil, con él da los tonos generales, [20vº] cubre completamente la tela en muy poco tiempo. El otro, el más pequeño, le sirve para los detalles. Madre, a mi modo de ver, usted es el precioso pincel que la mano de Jesús toma con amor cuando quiere hacer un gran trabajo en el alma de sus hijas, y yo soy el pequeñito que él se digna usar luego para los detalles menores.

El amor verdadero y el sacrificio

En qué consiste el amor verdadero. Le hice ver que ella se amaba a sí misma y no a usted; le dije cuánto la amaba yo a usted y qué sacrificios me había visto obligada a hacer al comienzo de mi vida religiosa para no apegarme a usted de un modo enteramente natural, como el perro que se encariña con su dueño. El amor se alimenta de sacrificios. Cuanto más se niega el alma las satisfacciones naturales, tanto más desinteresado se vuelve su cariño.

Siendo postulante tenía a veces tan [22rº] violentas tentaciones de estar cerca suyo para satisfacer mi gusto y gustar algunas migajas de alegría, que me veía obligada a pasar rápidamente delante de su escritorio y agarrarme fuertemente al pasamanos de la escalera. Se me ocurría pedir una multitud de permisos y hallaba mil motivos para satisfacer mi naturaleza… ¡Qué feliz estoy ahora de haberme negado estas cosas desde el comienzo de mi vida religiosa! Ya estoy gozando de la recompensa prometida a los que combaten valientemente.

Pienso que ya no es necesario que me niegue a mí misma todos los consuelos del corazón, pues mi alma ha sido fortalecida por el único a quien yo quería amar. Veo con alegría que al amarlo, el corazón se ensancha y puede dar incomparablemente más cariño a los que le son queridos que si se hubiera concentrado en un amor egoísta e infructuoso.

Con la ayuda de Dios

Nada podía hacer por mí misma, ya no me pareció difícil la tarea que usted me ha impuesto. Comprendí que lo único que necesitaba era unirme más y más a Jesús y que lo demás me sería dado por añadidura.

Hacer el bien es tan imposible sin la ayuda de Dios como hacer brillar el sol durante la noche. Uno comprende que tiene que olvidarse por completo de sus gustos, de sus ideas personales y guiar a las almas por el camino que Jesús les ha trazado sin pretender llevarlas [23rº] por el camino propio.

Ver faltas en otros

Pero esto no es lo más difícil. Mucho más me cuesta observar las faltas, las más leves imperfecciones y declararles una guerra a muerte. Preferiría mil veces recibir yo las reprensiones antes que hacerlas a los demás. Ellas sólo ven una cosa: «la hermana encargada de dirigirme está enojada y todo recae sobre mí que, sin embargo estoy llena de las mejores intenciones». Mi afecto es tan puro que ni siquiera deseo que ellos lo conozcan. Mi misión era conducirlos a Dios y hacerles comprender que acá en la tierra, usted, Madre, era el Jesús visible a quien deben amar y respetar.

Todas las almas deben afrontar más o menos las mismas luchas, pero que, por otra parte, son tan diferentes. Con algunas almas, me doy cuenta que debo hacerme pequeña, no temer humillarme manifestando mis luchas y mis derrotas. Al ver que tengo las mismas debilidades que ellas, mis hermanitas me manifiestan a su vez las faltas que se reprochan, y se alegran de que yo las comprenda por experiencia. Con otras, por el contrario, he visto que para serles de algún provecho, hay que ser muy firme y jamás retractarse de lo dicho. En esos casos, rebajarse no sería humildad sino debilidad. No hay que tener miedo a la guerra. Pronto reconocen que un poco de amargura es a veces preferible al azúcar y no temen admitirlo.

No hay que adelantarse demasiado: una palabra podría destruir todo el edificio construido entre lágrimas. Si por desgracia digo una sola palabra que pudiera atenuar lo que había dicho el día anterior, veo que mi hermanita [24vº] intenta aferrarse.

La oración y el sacrificio constituyen toda mi fuerza

Full title: The Virgin in Prayer Artist: Sassoferrato Date made: 1640-50 Source: http://www.nationalgalleryimages.co.uk/ Contact: picture.library@nationalgallery.co.uk Copyright ?? The National Gallery, London

¡Qué grande es el poder de la oración! Se diría que es una reina que tiene en todo momento libre acceso ante el rey y puede obtener de él todo lo que le pide. Le digo sencillamente a Dios lo que le quiero decir, sin frases bonitas, y siempre me comprende. No es necesario para que se nos escuche que leamos en un libro una hermosa fórmula.

Para mí, la oración es un impulso del corazón, una simple mirada hacia el cielo, un grito de agradecimiento y amor en medio de la prueba o en medio del gozo. En fin, es algo [25vº] grande, sobrenatural que me dilata el alma y me une a Jesús.

Problemas con el Rosario

Me gustan las oraciones en común porque Jesús ha prometido que estará en medio de quienes se reúnen en su nombre. Entonces siento que el fervor de mis hermanas suple el mío, pero (me da vergüenza confesarlo) recitar sola el Rosario me cuesta más que ponerme un instrumento de penitencia… ¡Me doy cuenta de que lo rezo tan mal! De nada vale que me esfuerce en meditar los misterios del Rosario, no consigo concentrar mi espíritu.

Me desconsolaba esta falta de devoción, que por otra parte me extrañaba, pues amo tanto a la Santísima Virgen. Ahora me desconsuelo menos porque pienso que como la Reina de los cielos es mi MADRE, se ha de contentar con mi buena voluntad. Algunas veces, cuando mi espíritu se halla en tan grande sequedad que me es imposible arrancarle un solo pensamiento para unirme a Dios, recito muy lentamente un Padrenuestro y luego un Avemaría. Esas oraciones, entonces, me arrebatan, alimentan mi alma mucho más que si las hubiese recitado cien veces precipitadamente. La Santísima Virgen me demuestra que no está disgustada conmigo.

Deseo de ser humillada

No puedo decir que Jesús me hace andar exteriormente por el camino de las humillaciones. Se contenta con humillarme en lo íntimo del alma. A los ojos de las criaturas todo me sale bien, transito por el camino de los honores.

Las hermanas más santas son las [28rº] más amadas. A las almas imperfectas por el contrario, no se las busca. En la recreación, en la licencia, debo buscar la compañía de las hermanas que me resulten menos agradables, y junto a estas almas heridas hacer el oficio del buen samaritano. Una palabra, una sonrisa amable bastan a veces para alegrar un alma triste.

Sería muy tonta de rechazar tesoros humillantes que se me ofrecían tan generosamente y me cuidé muy bien de dar a conocer mi lucha. Me esforcé por desear recibir mucha agua sucia. Dejo escapar estos pequeños sacrificios que procuran tanta paz al alma. No puedo seguir viviendo así, en esta tranquilidad. ¿Qué medio encontrará Jesús para probarme?

Hermanos espirituales

Cuando Jesús quiere unir dos almas para su gloria permite que de tiempo en tiempo puedan comunicarse sus pensamientos y estimularse a amar más a Dios. Pero es necesario para eso una voluntad expresa de la autoridad. Si no en vez de unirle a Dios, ocupamos su espíritu de forma superficial.

Cuando converso con una novicia, procuro hacerlo de manera que para mí sea un acto de mortificación. Evito dirigirle preguntas que satisfagan mi curiosidad y si ella comienza a referirme algo interesante y luego, sin acabar, pasa a otra que me fastidia, me guardo muy bien de recordarle el tema que dejó de lado, porque me parece que si uno se busca a sí misma no se puede ser de provecho para nadie.

«¡Atrayéndome a mí, atrae también a las almas que amo!»

WikipediaArchivo:Brooklyn Museum – Jesus Teaches the People by the Sea …

Las almas sencillas no necesitan medios complicados. Esta simple palabra: «Atráeme» es suficiente. Comprendo, Señor; que cuando un alma se ha dejado cautivar por el olor embriagante de tus perfumes, ya no podría correr sola; todas las almas que ama son atraídas en pos de ella. Esto se hace sin violencia, sin esfuerzo, es una consecuencia natural de su atracción hacia ti.no poseo otros tesoros que las almas que has querido unir a la mía. Tú mismo me has confiado estos tesoros.

Me has permitido ser audaz contigo. Me dijiste, como el padre del hijo pródigo a su hijo mayor: «TODO lo mío es tuyo». De modo que tus palabras, Jesús, son mías. Simplemente quiero pedir que un día estemos todos reunidos en tu hermoso cielo.

Cantar de los Cantares: «Atráeme, correremos»

Todo lo que se le pide a su Padre en su nombre, él lo concede. Es por eso, sin duda, que el Espíritu Santo, antes del nacimiento de Jesús, dictó esta súplica profética: Atráeme, correremos. ¿Qué significa pedir ser atraído, sino pedir unirse íntimamente al objeto que cautiva el corazón? Esta es mi petición: pido a Jesús que me atraiga al fuego de su amor, que me una a Él tan estrechamente que sea él quien viva y obre en mí.

Un alma inflamada de amor no puede permanecer inactiva

No son los trabajos de Marta los que Jesús reprueba. Jesús quiere corregir solamente la inquietud de su ardorosa hospedera. El Todopoderoso les ha dado por punto de apoyo a él y sólo a él; por palanca, la oración ardiente de amor, y de esa manera elevaron el mundo. Hay que seguir el olor de los perfumes del Amado en sus huellas del Evangelio y la Eucaristía.

Me lanzo, no al primer lugar, sino al último. En vez de adelantarme con el fariseo, repito, llena de confianza, la humilde plegaria del publicano. Y sobre todo imito la conducta de Magdalena. Su asombrosa, o mejor, amorosa audacia, que cautiva el corazón de Jesús, seduce el mío.

Apéndices

Haz que jamás sea una carga para la comunidad, sino que nadie se ocupe de mí.

Jesús, haz que salve muchas almas.

Deseo cumplir perfectamente tu voluntad y alcanzar el grado de gloria que me has preparado en tu reino.

Los tesoros infinitos de sus méritos son míos, y yo te los ofrezco. Cuando actúo bien no soy yo, es Él.

Si por debilidad caigo alguna vez, enseguida tu mirada divina purifique mi alma consumiendo todas mis imperfecciones, como el fuego que transforma todo en sí mismo. Te agradezco, Dios mío, todas las gracias que me has concedido, en particular, la de haberme hecho pasar por el crisol del sufrimiento.

Compareceré delante de ti con las manos vacías, porque no te pido, Señor, que cuentes mis obras. Todas nuestras justicias están manchadas a tus ojos. Por lo tanto, quiero revestirme de tu propia justicia, y recibir de tu Amor la posesión eterna de ti mismo.


Historia de un alma
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Historia de un alma
  • De Lisieux, Teresa (Author)

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