Mero Cristianismo, Libro 4: más allá de la personalidad: o primeros pasos en la doctrina de la Trinidad

 reseñó
4.5
27 febrero 2020

El llamado Libro IV es el último capítulo de Mero Cristianismo. Lewis comenzó Mero Cristianismo desde lo más profundo de nuestra psique y – tras un viaje cósmico por el espacio-tiempo – lo termina con Dios. En mi opinión, el libro IV es el más bello de Mero Cristianismo. Lewis relaciona la fe con psicoanálisis, física, astronomía y la evolución. La multidimensional del universo ofrece una pista sobre el misterio del Dios Trinitario del Nuevo Testamento. Lo hace a través de bellas analogías que reforzarán tu fe o te harán pensar si no eres creyente. He recogido algunos apuntes y notas de este cuarto capítulo. Veamos algunas de las ideas más relevantes.

1. HACER Y ENGENDRAR

La teología es un mapa

Wikimedia CommonsFile:Description of the Holy Land WDL2891.png – Wikimedia Commons

Lewis termina con teología pese a advertencias de que no interesaba. La teología no es Dios pero es un mapa. Las doctrinas son un mapa basado en la experiencia de cientos de personas que tuvieron contacto con Dios. Si queremos llegar lejos necesitamos ese mapa, no basta una experiencia de Dios. La experiencia será emocionante pero no lleva a ninguna parte.

Ésa es justamente la razón por la que una religión vaga —el hecho de sentir a Dios en la naturaleza, etc., — resulta tan atractiva. Es todo emociones y ningún trabajo, como mirar las olas desde la playa. Pero jamás llegaréis a Terranova disfrutando de ese modo del Atlántico, y no conseguiréis la vida eterna simplemente sintiendo la presencia de Dios en las flores o en la música. Tampoco llegaréis a ningún sitio estudiando los mapas sin echaros al mar. Y tampoco estaréis muy seguros echándoos al mar sin un mapa.

Falsa idea de Cristo como maestro moral

La humanidad nunca ha seguido a los grandes maestros como: Platón, Aristóteles o Confucio. Si el cristianismo sólo significa unos cuantos buenos consejos más, entonces el cristianismo no tiene importancia. El Cristianismo habla de algo muy distinto de una religión popular (vaga)

  • Cristo es el Hijo de Dios.
  • Aquéllos que le entregan su confianza también pueden convertirse en Hijos de Dios.
  • La muerte de Cristo nos salvó de nuestros pecados.
  • Hablándonos de otro mundo.

Diferencia entre «engendrado, no creado»

El punto del cristianismo que nos conmociona más que ningún otro es la afirmación de que, uniéndonos a Cristo, podemos convertirnos en «Hijos de Dios». Uno se pregunta: «¿No somos ya Hijos de Dios?»

Nos lleva al centro mismo de la teología. Uno de los credos dice que Cristo es el Hijo de Dios «engendrado, no creado», y añade: «engendrado por su Padre antes de todos los mundos». Algo que sucedió antes de que la naturaleza misma fuera creada, antes del principio del tiempo.

Engendrar es engendrar algo de la misma clase. Hacer es hacer algo de clase distinta. Lo que Dios engendra es Dios. Lo que Dios crea no es Dios.

Bios y Zoe y su analogía con una estatua

Por eso los hombres no son Hijos de Dios en el sentido en que lo es Cristo. Pueden parecerse a Dios en algunos aspectos, pero no son cosas de la misma clase. Son más como estatuas o cuadros de Dios. Una estatua tiene la forma de un hombre pero no está viva. Del mismo modo, el hombre tiene (en un sentido que voy a explicar ahora) la «forma» de Dios, pero no tiene la misma clase de vida que tiene Dios.

Bios tiene, por supuesto, una cierta semejanza vaga y simbólica con Zoe, pero sólo la clase de semejanza que hay entre una fotografía y un lugar, o una estatua y un hombre. Un hombre que cambiase de tener Bios a tener Zoe habría pasado por una transformación tan grande como la de una estatua que pasara de ser una piedra tallada a ser un hombre auténtico.

2. EL DIOS TRIPERSONAL

Un Dios súperpersonal

Algunas religiones piensan que tras la muerte el alma se funde con Dios cual gota de agua. Eso significa dejar de existir, un Dios impersonal. El cristianismo es la única religión que describe un Dios súperpersonal. El resto de confesiones lo definen como impersonal. Son sólo los cristianos los que tienen una idea de cómo las almas humanas pueden ser incorporadas en la vida de Dios y sin embargo seguir siendo las mismas…, de hecho, siendo mucho más ellas mismas de lo que eran antes.

Universo multidimensional y Dios

Un punto del espacio son 0 dimensiones. Una recta es una dimensión. Un plano dos y un cuerpo sólido es tridimensional. A medida que avanzamos a niveles más reales y complicados no dejamos atrás las cosas que encontramos en los niveles más simples. La visión cristiana de Dios implica el mismo principio.

El nivel humano es un nivel simple y bastante vacío. En el nivel humano una persona es un ser, y dos personas son dos seres separados, del mismo modo que, en dos dimensiones (digamos en una lisa hoja de papel), un cuadrado es una figura y dos cuadrados son dos figuras separadas.

En el nivel divino seguimos encontrando personalidades, pero allí las encontramos combinadas en nuevas maneras, que nosotros, como no vivimos en ese nivel, no podemos imaginar. En la dimensión de Dios, por así decirlo, encontramos un ser que es tres Personas! mientras sigue siendo un Ser, del mismo modo que un cubo é» seis cuadrados mientras sigue siendo un cubo.

Carl Sagan en el capítulo 10 de la serie Cosmos: Al Filo de la Eternidad (The Edge of Forever)

Por supuesto, nosotros no podemos concebir del todo a un Ser así, del mismo modo que, si estuviéramos hechos de manera tal que sólo percibiéramos dos dimensiones en el espacio nunca podríamos imaginar adecuadamente un cubo. Pero podemos tener una ligera noción del mismo. Y cuando lo hacemos tenemos, por primera vez en la vida, una idea positiva, por ligera que sea, de algo superpersonal, de algo que es más que una persona.

La oración es iniciativa de Dios

Un cristiano corriente se arrodilla para hacer sus oraciones. Está intentando ponerse en contacto con Dios. Pero si es cristiano sabe que lo que le está instando a orar también es Dios: Dios, por así decirlo, dentro de él. Pero también sabe que todo su conocimiento real de Dios le viene a través de Cristo, el Hombre que es Dios…, que Cristo está de pie a su lado, ayudándole a orar, orando con él. ¿Veis lo que está ocurriendo? Dios es aquello a lo cual él está orando, la meta que está intentando alcanzar. Dios es también lo que dentro de él le empuja, la fuerza de su motivación. Dios es también el camino o puente a lo largo del cual está siendo empujado hacia esa meta! De manera que la triple vida del Ser tripersonal está de hecho teniendo lugar en ese dormitorio corriente en el que un hombre corriente está diciendo sus oraciones. Ese hombre está siendo captado por la clase de vida más alta, lo que yo llamo Zoe o vida espiritual: está siendo atraído hacia Dios, por Dios, mientras que sigue siendo el mismo.

Fundamento de la teología

Y así es como empezó la teología. La gente ya sabía de la existencia de Dios de una manera vaga. Entonces llegó un hombre que afirmó ser Dios y que no era, sin embargo, la clase de hombre que se podía tachar de lunático. Ese hombre hizo que le creyesen. Volvieron a encontrarlo después de que lo hubieran matado. Y luego, después de que habían sido formados en una pequeña sociedad o comunidad, encontraron de alguna manera a Dios también dentro de ellos: dirigiéndolos, haciéndolos capaces de hacer cosas que no habían podido hacer hasta entonces. Y cuando lo dilucidaron todo, encontraron que habían llegado a la definición cristiana del Dios tripersonal. Esta definición no es algo que hayamos inventado. La teología es, en un sentido, conocimiento experimental. Son las religiones sencillas las que deben inventarse.

Dios se muestra a hombres reales

Cuando se trata de conocer a Dios, la iniciativa está de Su lado. Si El no se revela, nada que podáis hacer vosotros os permitirá encontrarle. Y, de hecho, Él enseña mucho más de Sí mismo a algunas personas que a otras… no porque tenga favoritos, sino porque es imposible para Él mostrarse a un hombre cuya mente y carácter estén en condiciones adversas. Del mismo modo que la luz del sol, aunque no tiene favoritos, no puede reflejarse en un espejo polvoriento del mismo modo en que lo haría en un espejo limpio.

Dios puede mostrarse a Sí mismo tal como es realmente sólo a hombres reales. Y eso significa no sólo a hombres que son individualmente buenos, sino a hombres que están unidos juntos en un cuerpo, amándose unos a otros, ayudándose unos a otros, enseñándose a Dios unos a otros. Puesto que eso es la que Dios quería que fuese la Humanidad: como músicos de una única orquesta, u órganos de un único cuerpo. En consecuencia, el único instrumento adecuado para aprender acerca de Dios es toda la comunidad cristiana, esperándole juntos. La hermandad cristiana es, por así decirlo, el equipo técnico para esta ciencia: el equipo de laboratorio.

3. EL TIEMPO Y MÁS ALLÁ DEL TIEMPO

Objeción a la oración: Dios pueda atender todas las súplicas el mismo momento

Dios no está en el tiempo. Su vida no consta de momentos que se suceden unos a otros. Si un millón de personas le están orando a las diez y media de esta noche, Él no necesita escucharlas a todas en ese preciso y mínimo espacio de tiempo que nosotros llamamos las diez y media. Las diez y media —y todos los demás momentos desde el principio del mundo— es siempre el presente para Él. Si preferís verlo de esta manera, Dios tiene la eternidad para escuchar el pequeño fragmento de oración que le ofrece el piloto al tiempo que su avión cae envuelto en llamas.

Dios como autor de una novela

Wikimedia CommonsFile:Brooklyn Museum – The Adulterous Woman–Christ Writing upon …

Dios no es apresurado a lo largo de esta corriente de tiempo que es el universo del mismo modo que un autor no es apresurado a lo largo del tiempo imaginario de su propia novela. Tiene una atención infinita para prodigar entre todos nosotros. No tiene que tratar con nosotros en masa. Estás tan solo con Él como si fueras el único ser que hubiera creado. Cuando Cristo murió, murió por ti individualmente como si hubieras sido el único hombre del mundo.

Segunda objeción

¿Cómo seguía girando el mundo mientras Él era un bebé, o mientras estaba dormido? ¿Cómo podía ser al mismo tiempo el Dios que todo lo sabía y el hombre que preguntaba a sus discípulos «¿Quién me ha tocado»?

Lc 8,45 ¿Quién me ha tocado?

El quid de esta cuestión es el ¿al mismo tiempo? No se puede establecer ninguna comparación entre la vida terrena de Cristo en Palestina, en su dimensión temporal, con Su vida como Dios más allá de todo tiempo y espacio. Yo sugiero que en realidad, y es una verdad intemporal acerca de Dios, la naturaleza humana, y la experiencia humana de la debilidad o el sueño o la ignorancia, quedó de algún modo incluida en la totalidad de Su vida divina. Esta vida humana de Dios es, desde nuestro punto de vista, un período particular en la historia de nuestro mundo (desde el año 1. DC hasta la Crucifixión)

Tener historia es perder parte de tu realidad

Por lo tanto, imaginamos que es también un período en la historia de la propia existencia de Dios. Pero Dios no tiene historia. Es demasiado definitivamente y totalmente real para tenerla. Puesto que, naturalmente, tener una historia significa perder parte de tu realidad (porque ésta ya se ha deslizado en el pasado) y no tener todavía otra parte (porque aún sigue en el futuro), de hecho, no tienes más que el mínimo presente, que ha desaparecido antes de que puedas hablar de él.

Tercera objeción: si Él sabe lo que yo voy a hacer mañana, ¿cómo puedo ser yo libre de hacerlo?

FlickrTime Flies | Aion the God of Time The flying clock to me is … | Flickr

Pues aquí, una vez más, la dificultad viene de pensar que Dios progresa a lo largo de la línea del tiempo como nosotros, siendo la única diferencia que Él puede ver el futuro y nosotros no. Pues si eso fuera verdad, si Dios previera nuestros actos, sería muy difícil comprender cómo podríamos ser libres de no hacerlos. Pero supongamos que Dios está fuera y por encima de la línea del tiempo. En ese caso, lo que nosotros llamamos «mañana» es visible para Él del mismo modo que aquello que nosotros llamamos «hoy». Todos los días son «ahora» para Él. Él no recuerda que hicierais nada ayer; sencillamente os ve hacerlo, porque, aunque vosotros hayáis perdido el ayer, Él no. Él no os «prevé» haciendo cosas mañana; sencillamente os ve hacerlas, porque, aunque mañana aún no ha llegado para vosotros, para Él sí. Nunca suponéis que vuestras acciones en este momento serían menos libres porque Dios ve lo que estáis haciendo. Pues bien; Él ve vuestras acciones de mañana del mismo modo, porque Él ya está en el mañana, sencillamente mirándoos. En un sentido, Él no ve vuestra acción hasta que la habéis hecho; pero claro, el momento en que la habéis hecho es ya el «ahora» para Él.

Esta idea me ha ayudado mucho. Si no os ayuda a vosotros, abandonadla. Es una «idea cristiana» en el sentido en que grandes sabios cristianos la han sostenido, y no hay nada en ella que sea contrario al cristianismo. Pero no está en la Biblia ni en ninguno de los credos. Podéis ser perfectamente buenos cristianos sin aceptarla, o incluso sin pensar en ella en absoluto.

4. LA BUENA INFECCIÓN

Engendrado sin un antes ni un después

Pero en cuanto empiezo a intentar explicar cómo están relacionadas esas tres Personas tengo que utilizar palabras que hacen que parezca que una de ellas ha estado allí antes de las demás. La Primera Persona se llama el Padre y la Segunda el Hijo. Decimos que la primera engendra la segunda: lo llamamos engendrar y no crear, porque lo que la primera Persona produce es de la misma clase que Ella. En ese aspecto la palabra Padre es la única que podemos utilizar. Pero desgraciadamente ésta sugiere que Ella estuvo ahí primero, del mismo modo que un padre humano existe antes que su hijo. Pero esto no es así. Aquí no hay un antes y un después. Y por eso he dedicado algún tiempo al intento de aclarar cómo una cosa puede ser la fuente, o la causa, o el origen de otra sin haber estado allí antes. El Hijo es porque el Padre es, pero nunca hubo un momento en que el Padre produjera al Hijo. El Hijo es porque el Padre es, pero nunca hubo un momento en que el Padre produjera al Hijo.

Padre e Hijo vs luz y calor

Siempre debemos pensar en el Hijo como, por así decirlo, emanando del Padre, como la luz emana de una lámpara, o el calor del fuego o los pensamientos de la mente. El Hijo es la autoexpresión del Padre… lo que el Padre tiene que decir. Y nunca hubo un tiempo en que no lo estuviera diciendo.

Todas estas imágenes de luz y de calor hacen que parezca que el Padre y el Hijo fueran dos cosas en lugar de dos personas. De manera que después de todo, la imagen del Nuevo Testamento de un Padre y un Hijo resulta ser mucho más exacta que cualquier cosa por la que intentemos sustituirla. Dios sabe cómo describirse a sí mismo mucho mejor de lo que nosotros sabemos describirlo. Él sabe que Padre e Hijo se parece más a la relación entre la Primera y la Segunda Persona que ninguna otra cosa en la que podamos pensar. Lo más importante que debemos saber es que es una relación de amor. El Padre se deleita en el Hijo; el Hijo venera al Padre.

Decir Dios es Amor implica dos que se aman en una Persona

Pero parecen no darse cuenta de que las palabras «Dios es Amor» no tienen un significado real a menos que Dios contenga al menos a dos Personas. El amor es algo que una persona siente por otra persona. Si Dios fuera una sola persona entonces, antes de que el mundo fuese creado, Dios no era amor.

Los cristianos creen que la actividad viva y dinámica del amor ha estado en Dios desde siempre y ha creado todo lo demás. Y esa es, de paso, tal vez la diferencia más importante entre el cristianismo y todas las demás religiones: que en el cristianismo Dios no es una Cosa -ni siquiera una Persona- estática, sino una actividad dinámica y pulsante, una vida, casi una especie de drama. Casi, si no me tomáis por irreverente, una suerte de danza. La unión entre el Padre y el Hijo es algo tan vivo y concreto que esta unión misma es en sí una Persona.

El Espíritu Santo

Wikimedia CommonsFile:Giaquinto, Corrado – The Holy Spirit – 1750s.PNG – Wikimedia …

Los miembros individuales, cuando están juntos, realmente desarrollan maneras particulares de hablar y de comportarse. Lo que surge de la vida conjunta del Padre y el Hijo es una auténtica Persona; es, de hecho, la Tercera de las tres Personas que son Dios. Si pensáis en el

  • Padre como en alguien que está «ahí fuera», delante de vosotros, y en el
  • Hijo como en alguien que está a vuestro lado, ayudándoos a orar, intentando convertiros en otro hijo,
  • entonces tenéis que pensar en la Persona como en alguien que está dentro de vosotros, o detrás de vosotros.

Tal vez algunos encuentren más fácil empezar con la Tercera Persona y proceder hacia atrás. Dios es Amor, y ese Amor se difunde a través de los hombres, y especialmente a través de toda la comunidad cristiana. Pero este Espíritu de Amor es, desde toda la eternidad, un Amor que se da entre el Padre y el Hijo.

La única felicidad es entrar en la danza de la Trinidad

Toda la danza, o drama, o patrón de conducta de esta vida tri-Personal debe ser llevado a cabo en cada uno de nosotros: o (en el sentido inverso), cada uno de nosotros tiene que entrar en ese patrón de conducta, tomar su puesto en esa danza. No hay otro camino hacia la felicidad para la que hemos sido hechos. Sabréis que las cosas buenas además de las malas se contagian por una suerte de infección. La vida tri-Personal es una gran fuente de energía y belleza que mana desde el centro mismo de la realidad. Una vez que un hombre está unido a Dios, ¿cómo no iba a vivir para siempre?

Infección amorosa

¿Pero cómo va ese hombre a unirse a Dios? ¿Cómo es posible para nosotros ser absorbidos en la vida tri-Personal?

En nuestro estado natural no somos hijos de Dios: sólo somos (por así decirlo) estatuas. No poseemos Zoe o vida espiritual: sólo poseemos Bios o vida biológica que a su tiempo se agotará y morirá. Pues bien, todo lo que ofrece el cristianismo es esto: que podemos, si dejamos que Dios se salga con la Suya, llegar a compartir la vida de Cristo. Si lo hacemos, estaremos compartiendo una vida que fue engendrada, no creada, que siempre ha existido y que siempre existirá. Cristo es el Hijo de Dios. Si compartimos esta clase de vida nosotros también seremos hijos de Dios. Amaremos al Padre como Él le ama y el Espíritu Santo se despertará en nosotros. El vino a este mundo y se hizo hombre para difundir a otros hombres la clase de vida que Él tiene, a través de lo que yo llamo una «buena infección». Cada cristiano debe convertirse en un pequeño Cristo.

5. LOS OBSTINADOS SOLDADOS DE JUGUETE

Ejemplo del soldado de plomo creado por nosotros y que se rebela al darle vida. Quiere seguir siendo de plomo en lugar de carne y hueso. No sé lo que habríais hecho con ese soldado de plomo. Pero lo que Dios hizo con nosotros fue esto. La Segunda Persona en Dios, el Hijo, se hizo humano: nació en este mundo como un hombre real. Él eligió una carrera terrenal que implicaba la muerte de Sus deseos. Y luego, después de haber sido muerto de este modo —en cierto sentido muerto todos los días— la criatura humana en Él, porque estaba unida al Divino Hijo, volvió de nuevo a la vida. El hombre en Cristo resucitó de nuevo: no sólo el Dios. De eso se trata todo. Por primera vez vimos a un hombre auténtico.

Cuando Cristo se hace hombre, no es realmente como si vosotros pudierais convertiros en un soldado de plomo en particular. Es como si algo que siempre está afectando la masa humana empieza, en un cierto punto, a afectar a esa misma masa humana de una manera nueva. A partir de ese punto el efecto se extiende por toda la humanidad. Afecta a aquellos que vivieron antes de Cristo así como a aquellos que vivieron después de Él. Afecta a aquellos que nunca han oído hablar de El. Es como dejar caer en un vaso de agua una gota de algo que le da un nuevo sabor o un nuevo color a toda ella.

¿Cuál es, pues, la diferencia que Él ha constituido para la totalidad de la masa humana? Es solamente ésta: que el trabajo duro de convertirse en un hijo de Dios, de ser transformado de algo creado en algo engendrado, de pasar de la vida biológica temporal a la vida «espiritual» intemporal Él lo ha hecho por nosotros. En principio, la Humanidad ya está «salvada». Nosotros, los individuos, tenemos que apropiarnos de esa salvación.

Uno de nuestra raza tiene esta nueva vida: si nos acercamos a Él nos la contagiaremos. Naturalmente, esto puede expresarse de mil maneras diferentes:

  • Podéis decir que Cristo murió por nuestros pecados.
  • Podéis decir que el Padre nos ha perdonado porque Cristo ha hecho por nosotros los que nosotros debiéramos haber hecho.
  • Podéis decir que hemos sido lavados por la sangre del Cordero.
  • Podéis decir que Cristo ha vencido la muerte.

6. DOS NOTAS

Nota 1: hijos perfectos desde el principio

¿Por qué, si Dios quería hijos en vez de «soldados de plomo», no engendró muchos hijos desde el principio en vez de hacer primero soldados de plomo y luego traerlos a la vida a través de un proceso tan difícil y penoso?

La parte fácil es ésta. El proceso de ser transformado de una criatura en un hijo no habría sido difícil ni doloroso si la raza humana no se hubiese apartado de Dios hace siglos. Y ésta pudo hacerlo porque Él les otorgó el libre albedrío: les otorgó el libre albedrío porque un mundo de meros autómatas nunca podría amar y por lo tanto conocer la felicidad infinita. La parte difícil es ésta. Todos los cristianos están de acuerdo en que hay, en el sentido pleno y original, sólo un «Hijo de Dios». Si insistimos en preguntar «¿Pero podría haber habido muchos?»

A mí me resulta difícil pensar en la idea del Padre engendrando muchos hijos para toda la eternidad. Para ser muchos tendrían que ser diferentes unos de otros. Dos peniques tienen la misma forma. ¿De qué manera son dos? Ocupando lugares diferentes y conteniendo diferentes átomos. En otras palabras, para pensar en ellos como diferentes entre sí hemos tenido que introducir la idea del espacio y la materia; es decir, hemos tenido que introducir la idea de la «naturaleza» o el universo creado para que haya multiplicidad.

Nota 2: comunidad vs individualidad

La idea de que toda la raza humana es, en un sentido, una misma cosa —un inmenso organismo, como un árbol— no debe ser confundida con la idea de que las diferencias individuales no importan o que las personas reales como Tom, Nobby y Kate son de algún modo menos importantes que las cosas colectivas como las clases, las razas, etcétera.

El cristianismo piensa en los individuos humanos no como en meros miembros de un grupo o componentes de una lista, sino como en órganos de un cuerpo.

El demonio da a elegir entre dos ideologías opuestas

Cuando os sentís tentados a no dejar que los problemas de otro os afecten porque no son «asunto vuestro», recordad que, aunque él es diferente de vosotros, forma parte del mismo organismo. Si olvidáis que pertenece al mismo organismo que vosotros os convertiréis en individualistas. Si olvidáis que es un órgano distinto de vosotros, si queréis suprimir las diferencias y hacer que toda la gente sea igual, os convertiréis en totalitarios. Pero un cristiano no debe ser ni un totalitario ni un individualista.

Cuál de estos dos errores es el peor. Ese es el demonio intentando tentarnos. Siempre envía errores al mundo por parejas, parejas de opuestos. Y siempre nos anima a dedicar mucho tiempo a pensar cuál de los dos es peor. ¿Comprendéis, naturalmente, por qué? Confía en que el disgusto mayor que os cause uno de los dos errores os atraiga gradualmente hacia el otro. Pero no nos dejemos engañar. Tenemos que mantener los ojos fijos en la meta y pasar por en medio de los dos errores. No nos importa nada más que eso en lo que respecta a cualquiera de los dos.

7. FINJAMOS (Let’s pretend)

El Padrenuestro nos anima a fingir

Lo que había empezado como un disfraz había terminado como una realidad. Probablemente oraréis el Padre Nuestro. Sus primerísimas palabras son Padre Nuestro. ¿Veis ahora lo que esas palabras significan? Significan, con toda franqueza, que os estáis poniendo en el lugar de un hijo de Dios. Para decirlo abruptamente, estáis disfrazándoos de Cristo. Estáis fingiendo, si lo preferís. Este disfrazarse de Cristo es un acto de hipocresía insultante. Pero lo extraño es que El nos ha ordenado que lo hiciéramos. La única manera de adquirir una cualidad en realidad es empezar a comportarnos como si ya la tuviéramos.

La conciencia no es suficiente: debemos imitar a Cristo

El Cristo en Persona, el Hijo de Dios que es hombre (igual que vosotros), y Dios (igual que Su Padre) está realmente a vuestro lado y está ya desde ese momento ayudándoos a transformar vuestro fingimiento en realidad. Esta no es meramente una manera elaborada de decir que vuestra conciencia os está diciendo lo que debéis hacer. Si interrogáis a vuestra conciencia, sencillamente, obtenéis un resultado. Si recordáis que os estáis disfrazando de Cristo, obtenéis otro. Hay muchas cosas que vuestra conciencia podría no llamar definitivamente malas (especialmente las cosas en vuestra mente), pero que reconoceréis de inmediato que no podéis seguir haciendo si intentáis seriamente ser como Cristo. Puesto que ya no estáis pensando simplemente en lo bueno y en lo malo: estáis intentando adquirir la buena infección de una Persona.

Cómo actúa Cristo

Si no hubiera ayuda de Cristo no habría ayuda por parte de otros seres humanos. Cristo actúa en nosotros de muchas maneras, no sólo a través de lo que nosotros llamamos nuestra «vida religiosa». Actúa a través de la naturaleza, de nuestros propios cuerpos, de los libros, a veces a través de experiencias que parecen, en su momento, anti-cristianas. Pero, sobre todo, Cristo actúa en nosotros a través de los demás.

No apegarse a ningún humano: genera dependencia y decepción

Es igualmente natural para nosotros ver al hombre que nos está ayudando sin ver a Cristo detrás de él. Pero no debemos permanecer como bebés. Debemos progresar hasta conocer al auténtico Dador. Es una locura no hacerlo. Porque, si no lo hacemos, estaremos dependiendo de los seres humanos. Y eso va a decepcionarnos. Los mejores de entre ellos cometerán errores; todos van a morir. Debemos estar agradecidos a todos aquellos que nos han ayudado; debemos honrarlos y amarlos. Pero jamás, jamás pongáis toda vuestra fe en ningún ser humano: aunque sea el mejor y más sabio del mundo entero.

Cristo transforma nuestra naturaleza animal

Una auténtica Persona, Cristo, aquí y ahora, en esa misma habitación donde estáis orando, está haciéndoos cambiar. No se trata de un hombre bueno que murió hace dos mil años. Se trata de un Hombre vivo tan hombre como vosotros, y aún tan Dios como lo fue cuando creó el mundo, que realmente aparece y entra en contacto con vuestro ser más íntimo, mata el viejo yo natural en vosotros y lo sustituye por la clase de Yo que Él tiene.

El desván del alma tiene ratas: ira y desprecio nos cogen por sorpresa y nos disfrazamos

Wikimedia CommonsFile:Rats overunning a dilapidated house, spreading the plague. D …

Empezamos a darnos cuenta, además, de nuestros actos pecaminosos particulares, de nuestro estado de pecado; empezamos a alarmarnos no sólo por lo que hacemos sino también por lo que somos.

Cuando oro mis plegarias nocturnas e intento hacer un recuento de los pecados del día, nueve veces de cada diez se trata de algún pecado contra la caridad; me he enfurruñado o he contestado bruscamente o me he burlado o he despreciado a alguien o he dado rienda suelta a mi ira. Y la excusa que inmediatamente surge en mi mente es que la provocación fue tan súbita e inesperada que me cogieron de sorpresa, que no tuve tiempo de controlarme.

No cabe duda de que lo que un hombre hace cuando le cogen por sorpresa es la mejor evidencia de lo que ese hombre es. Está claro que lo que surge espontáneamente, antes de que el hombre tenga tiempo de ponerse un disfraz, es la verdad.

No controlamos temperamento ni lo que nos mueve, Cristo es necesario

Aparentemente, las ratas de la vindicación y el resentimiento siempre están allí, en el desván, de mi alma. Y ese desván está fuera del alcance de mi voluntad consciente. Puedo, hasta cierto punto, controlar mis actos, pero no tengo un control directo sobre mi temperamento. Y si, (como dije antes) lo que somos importa aún más que lo que hacemos —si, ciertamente, lo que hacemos importa principalmente como evidencia de lo que somos— entonces se sigue que el cambio que más necesito llevar a cabo es un cambio que mis propios esfuerzos directos y voluntarios no pueden realizar.

Y esto puede aplicarse también a mis buenas acciones. ¿Cuántas de ellas fueron hechas por el motivo correcto? ¿Cuántas por miedo a la opinión pública, o por un deseo de ostentación? ¿Cuántas por una suerte de obstinación o de sentido de superioridad que, en circunstancias diferentes, podrían haber conducido igualmente a una mala acción? Pero yo no puedo, a través de un esfuerzo moral directo, proporcionarme a mí mismo nuevos motivos. Después de los primeros pasos en la vida cristiana nos damos cuenta de que aquello que verdaderamente necesita hacerse en nuestras almas sólo puede ser hecho por Dios.

Lo divino nos asciende a través del fingimiento

El Dios Tripersonal, por así decirlo, ve de hecho ante Sí un animal humano egoísta, avaricioso, gruñón y rebelde. Pero El dice: «Finjamos que esta no es una mera criatura, sino nuestro Hijo. Es como Cristo en cuanto que es un Hombre, puesto que El se hizo Hombre. Finjamos que también es como Cristo en espíritu. Tratémoslo como si fuera lo que en realidad no es. Finjamos, para hacer que esa ficción se convierta en realidad.» Dios os mira como si fueseis pequeños Cristos: Cristo se pone a vuestro lado para convertiros en Él. Me atrevo a decir que esta idea de un divino fingimiento parece algo extraña al principio. Pero, ¿es en realidad tan extraña? ¿No es así como lo más alto siempre hace ascender a lo más bajo? Una madre le enseña a hablar a su hijo hablándole como si la entendiera mucho antes de que éste lo haga en realidad. Tratamos a nuestro perro como si fuera «casi humano»; es por eso que al final estos se vuelven «casi humanos».

8. ¿ES EL CRISTIANISMO FÁCIL O DIFÍCIL?

Qué es la equidad

La idea común que todos tenemos antes de convertirnos en cristianos es ésta. Tomamos como punto de partida nuestro yo ordinario con sus varios deseos e intereses. Luego admitimos que algo más —llámese «moralidad» o «comportamiento decente» o «el bien de la sociedad»— le hace reclamos a este yo: reclamos que interfieren con sus propios deseos. Lo que entendemos por «ser buenos» es someternos a esos reclamos. Seguimos tomando nuestro yo ordinario como punto de partida.

Lo que estamos intentando hacer es seguir siendo lo que llamamos «nosotros mismos», mantener la felicidad personal como nuestra meta más preciada en la vida, y sin embargo, al mismo tiempo, ser «buenos». Todos estamos tratando de que nuestra mente y nuestro corazón sigan su camino —centrado en el dinero, o el placer o la ambición— con la esperanza, a pesar de esto, de comportarnos honesta, casta y humildemente. Y eso es exactamente lo que Cristo nos advirtió que no podíamos hacer.

Consecuencias de la equidad

Mientras pensemos de ese modo, se dará probablemente uno de los dos resultados siguientes. O renunciamos a intentar ser buenos, o somos realmente muy desgraciados. Porque, y no os equivoquéis, si realmente vais a intentar satisfacer todas las exigencias impuestas al yo natural, a éste no le quedará lo suficiente para seguir viviendo. Cuanto más obedezcáis a la conciencia, más os exigirá. Y vuestro yo natural, que de este modo se ve despojado, impedido y preocupado a cada recodo del camino, se pondrá más y más furioso. Al final, dejaréis de seguir intentando ser buenos, u os convertiréis en una de esas personas de las que se dice «viven para los demás», pero que siempre están insatisfechos y gruñendo, preguntándose por qué los demás no prestan atención a sus esfuerzos y haciéndose los mártires. Y cuando os hayáis convertido en eso, seréis un incordio mucho mayor para la gente que tiene que convivir con vosotros que si hubierais seguido siendo francamente egoístas.

El camino cristiano es diferente: más difícil y más fácil

Cristo dice: «Dádmelo todo. Yo no quiero tanto de vuestro tiempo o tanto de vuestro dinero o tanto de vuestro trabajo: os quiero a vosotros. Yo no he venido a atormentar vuestro ser natural, sino a matarlo. Ninguna medida a medias me sirve. No quiero podar una rama aquí y una rama allí. Tengo que derribar el árbol entero. No quiero perforar el diente, o coronarlo, o taponarlo; quiero arrancarlo. Entregadme por entero vuestro ser natural, todos los deseos que creéis inocentes además de aquellos que creéis malos: lo quiero todo. Y a cambio os daré un nuevo yo. De hecho, me daré a Mí Mismo: mi propia voluntad se convertirá en la vuestra.»

Mucho más difícil y más fácil de lo que estamos intentando hacer. Os habréis dado cuenta, espero, de que Cristo mismo describe a veces la vida cristiana como muy difícil y a veces como muy fácil. Dice: «Coge tu cruz.» En otras palabras, es como dirigirse a que le maten a uno a palos en un campo de concentración. Y al momento siguiente dice: «Mi yugo es suave y mi carga ligera.» Y ambas cosas las dice de verdad. Y uno puede comprender por qué ambas cosas son verdad.

Lo terrible, lo que resulta casi imposible, es entregar todo vuestro yo —todos vuestros deseos y precauciones— a Cristo. Pero es mucho más fácil que lo que todos estamos intentando hacer a cambio. La pereza, a largo plazo, significa más trabajo.

Cristo nunca habló de superficialidades vagas e idealistas. Cuando dijo «Sed perfectos», hablaba en serio. El auténtico problema de la vida cristiana aparece allí donde la gente no suele buscarlo. Aparece en el instante mismo en que os despertáis cada mañana. Todos vuestros deseos y esperanzas para el nuevo día se precipitan sobre vosotros como bestias salvajes. Y lo primero que ha de hacerse cada mañana consiste sencillamente en echarlos atrás: en escuchar aquella otra voz, adoptando aquel otro punto de vista, dejando que aquella otra vida más grande, más fuerte y más silenciosa fluya en vosotros. Y así todo el día. Apartándoos de todos vuestros remilgos y resquemores.

Esto es todo el cristianismo. No hay nada más, es simple

Del mismo modo que el parlamento, ejército, funcionarios y todo el aparato del estado están para proteger la felicidad cotidiana de la gente, la Iglesia no existe más que para atraer a los hombres a Cristo, para convertirlos en otros Cristos. Si no cumple este cometido, todas las catedrales, el sacerdocio, las misiones, los sermones, incluso la Biblia misma, son sencillamente una pérdida de tiempo. Dios se hizo hombre para ese único fin.

Universo para Cristo: no sabemos el alcance cósmico de la Redención

Incluso es dudoso que el universo haya sido creado para otro fin que ése, atraer a los hombres hacia Cristo. La Biblia dice que el universo entero fue creado para Cristo y que todo ha de ser reunido en Él.

No creo que ninguno de nosotros comprenda cómo va a suceder esto en lo que respecta al universo entero. No sabemos qué o quién (si acaso) vive en aquellas partes del universo que están a millones de kilómetros de esta Tierra. Incluso en esta Tierra no sabemos cómo esto se aplica a otras cosas que no sean los hombres. Después de todo, eso es lo que cabía esperar. Se nos ha enseñado el plan sólo en lo que nos concierne a nosotros mismos.

El cordero y el león serán amigos

Lo que se nos ha dicho es cómo nosotros, los hombres, podemos ser atraídos hacia Cristo. Cómo podemos convertirnos en parte de ese maravilloso regalo que el joven Príncipe del Universo quiere ofrecerle a Su Padre… ese regalo que es Él mismo y por lo tanto nosotros en Él. Esto es lo único para lo que hemos sido hechos. Y hay extraños, excitantes indicios en la Biblia de que, cuando hayamos sido atraídos, un gran número de otras cosas en la naturaleza empezarán a funcionar bien. La pesadilla habrá terminado, y llegará el amanecer.

9. CALCULANDO EL PRECIO

No basta ser buenas personas

Dios nos manda sed perfectos: no es una banalidad idealista. Tampoco es un mandamiento para hacer lo imposible. Dios va a convertirnos en criaturas que puedan obedecer ese mandamiento. En la Biblia, Dios dijo que éramos «dioses», va a llevar a cabo Sus palabras. Se deleitará con cualquier progreso que hagamos por pequeño que sea. La cuestión no es lo que nosotros teníamos intención de ser, sino lo que Dios tenía intención de que fuéramos cuando nos creó. Él es el inventor; nosotros sólo somos las máquinas.

Tal vez nos contentemos con seguir siendo «buenas personas», pero El está decidido a llevar a cabo un plan muy diferente. Apartarse de ese plan no es humildad; es pereza y cobardía. Someterse a él no es vanidad o megalomanía: es obediencia. Por un lado, nunca debemos imaginar que podemos depender de nuestros propios esfuerzos para que nos lleven incluso a través de las próximas veinticuatro horas a salvo de algún grave pecado. Por otro, ningún grado posible de santidad o heroísmo que haya sido alcanzado por los grandes santos está más allá de lo que Dios está decidido.

Malos momentos

Cuando se presentan problemas — enfermedades, dificultades económicas, nuevas tentaciones— se sienta defraudado. Estas cosas, piensa, podrían haber sido necesarias para despertarle y hacerle arrepentirse en sus antiguos días de maldad, ¿pero por qué ahora? Porque Dios le está forzando hacia adelante, o hacia arriba, a un nivel más alto, poniéndolo en situaciones en las qué tendrá que ser mucho más valiente, o más generoso, de lo que jamás hubiera soñado antes. A nosotros todo eso nos parece innecesario, pero eso es porque aún no hemos tenido ni la más remota noción de la grandeza de lo que Él quiere hacer de nosotros.

10. BUENAS PERSONAS U HOMBRES NUEVOS

Dios nos toma en serio quiere hacernos perfectos y para ello la muerte forma parte del tratamiento. Hasta dónde haya ido el cambio antes de la muerte en un cristiano en particular es incierto.

¿Por qué no son los cristianos mejores que los no cristianos?

Buenos sentimientos, nuevas perspectivas, mayores intereses en la «religión» no significan nada a menos que hagan que nuestro presente comportamiento sea mejor. El mundo exterior tiene mucha razón al juzgar al cristianismo por exigir sus resultados. Cristo nos dijo que juzgásemos por los frutos. Pero a la vez es ilógico realizar esta comparación entre 2 mundos distintos: ateos vs cristianos. Porque cada persona es diferente y tiene diversos grados de fe.

Si el cristianismo es verdad, debería seguirse que a) Cualquier cristiano será más bueno que la misma persona si no fuera cristiana, b) Que cualquier hombre que se convierte al cristianismo será mejor de lo que era antes.

Nueva dirección del cristianismo

Escoger un mal cristiano y un buen ateo no sirve para comparar. Ambos son resultado de ciertas causas naturales y la educación recibida en sus primeros años, tienen ciertos temperamentos: el cristianismo promete poner ambos temperamentos bajo una nueva dirección si ellos se lo permiten. Lo que tenéis derecho a preguntar es si esa nueva dirección, si se le permite hacerse cargo, mejora la compañía. Nos comportamos como si la bondad fuera todo lo que Dios exigiera. Pero esto sería un error fatal.

La bondad no es suficiente

La bondad, de hecho, es el regalo de Dios a Dick (ateo de buen carácter), no el regalo de Dick a Dios. Del mismo modo, Dios ha permitido que las causas naturales, operando en un mundo dañado por siglos de pecado, produzcan en la señorita Bates (cristiana) la estrechez de mente y los nervios alterados que dan cuenta de la mayor parte de su maldad. Dios tiene pensado, a Su tiempo, arreglar esa parte de ella.

Dios no espera la bondad sino algo que ambos pueden darle o negarle libremente. ¿Se volverán, o no se volverán, hacia Él y cumplirán así con el único fin para el que fueron creados? Su libre albedrío, su voluntad, no puede ser forzada por el poder de Dios. La cuestión de si las naturalezas que le ofrecen o retienen son, en ese momento, buenas o malas, es de importancia secundaria.

Éstas son las cosas buenas que Él da y nosotros recibimos. Dios creó los nervios sanos y las buenas digestiones de Dick, y hay mucho más de eso allá de donde vino. A Dios no le cuesta nada, por lo que sabemos, crear cosas buenas, pero convertir voluntades rebeldes Le costó la crucifixión. Y porque son voluntades pueden —en las buenas personas así como en las malas— rechazar Su demanda. Y así, como la bondad de Dick era simplemente parte de la naturaleza, acabará haciéndose trizas al final. La naturaleza misma pasará. Las causas naturales se reúnen en Dick para formar un patrón psicológico agradable.

Éstos se desharán nuevamente y el patrón en ambos casos desaparecerá. Dick ha tenido la oportunidad de convertir (o, mejor dicho, de permitirle a Dios que convirtiera) ese patrón momentáneo en la belleza de un espíritu eterno. Y no la ha aprovechado.

Núcleos transformados y guardados al entregar libremente a Dios

Hay aquí una paradoja. Mientras Dick no se vuelva hacia Dios, piensa que su bondad es suya, y mientras siga pensando eso, no es suya. Lo es cuando Dick se da cuenta de que su bondad no es suya sino un regalo de Dios, y cuando se la ofrece a su vez a Dios, es justamente entonces cuando empieza a ser realmente suya. Porque ahora Dick está empezando a intervenir en su propia creación. Las únicas cosas que podemos guardar son aquellas que le damos libremente a Dios. Lo que intentamos guardarnos para nosotros es justamente lo que con toda seguridad perderemos.

El peligro de la autosatisfacción

Uno de los peligros de tener mucho dinero es que podéis sentiros bastante satisfechos con la clase de felicidad que el dinero puede proporcionar y dejar así de percataros de vuestra necesidad de Dios. Si todo parece seros dado sencillamente firmando cheques es posible que olvidéis que en todo momento dependéis totalmente de Dios.

Pues bien, es evidente que los regalos naturales llevan consigo un peligro similar. Si tenéis unos nervios sanos, una inteligencia desarrollada, salud, popularidad y una buena educación, es probable que estéis bastante satisfechos con vuestro carácter tal como es. «¿Para qué meter a Dios en esto?» Es muy posible que creáis que todas estas virtudes son obra vuestra, y también es fácil que no sintáis la necesidad de mejorarlas. A menudo, la gente que goza de esta clase de virtudes no puede ser llevada a reconocer su necesidad de Cristo hasta que un día las virtudes le abandonan y su autosatisfacción se ve defraudada. En otras palabras, es difícil para aquellos que son «ricos» en este sentido entrar en el Reino.

Cristo atraía pobres de espíritu porque cogen su cruz

Es muy diferente para los miserables: la gente solitaria, mísera, tímida, deformada, cobarde, o los lujuriosos, los sensuales, los desequilibrados. Si éstos intentan acercarse a la bondad aprenden, en la mitad de tiempo, que necesitan ayuda. Para ellos, es Cristo o nada. O cogen su cruz y le siguen, o pierden toda esperanza. Estas son las ovejas perdidas: Él vino especialmente a buscarlas. Ellos son (en un sentido muy real y terrible) los «pobres». Él los bendijo. Son «la gentuza» con la que Él se pasea.

Si sois buenas personas —si la virtud se os da con facilidad— ¡cuidado! Mucho se espera de aquellos a quienes mucho se les da. Si confundís con vuestros propios méritos lo que en realidad son regalos de Dios para vosotros a través de la naturaleza, y si os contentáis simplemente con ser buenos, seguís siendo rebeldes: y todos esos regalos sólo harán que vuestra caída sea más terrible, vuestra corrupción más complicada, vuestro mal ejemplo más desastroso.

Si sois unas pobres criaturas, envenenadas por una educación miserable en una casa llena de celos vulgares y disputas sin sentido; lastradas, no por elección propia, por alguna odiosa perversión sexual; abrumadas día sí y día no por un complejo de inferioridad que os lleva a tratar bruscamente a vuestros mejores amigos, no desesperéis. Dios está al tanto de ello. Vosotros sois los pobres que Él bendijo.

Y es posible que entonces nos asombréis a todos, y no menos a vosotros mismos: porque habréis aprendido a conducir en una escuela difícil. (Algunos de los últimos serán los primeros y algunos de los primeros serán los últimos)

Dios se hizo hombre para producir una nueva clase de hombre

No debemos suponer que incluso si consiguiéramos que todo el mundo se hiciera bueno habríamos salvado sus almas. Un mundo de buenas personas, satisfechas con su propia bondad, sin mirar más allá, dándole la espalda a Dios, estaría tan desesperadamente necesitado de salvación como un mundo miserable… e incluso podría ser aún más difícil de salvar.

El mero mejoramiento no es la redención, aunque la redención siempre mejora a la gente, incluso aquí y ahora, y la mejorará al final hasta un grado que aún no podemos imaginar. Dios se hizo hombre para convertir a las criaturas en hijos: no simplemente para producir hombres mejores de la antigua clase, sino para producir una nueva clase de hombre.

Argumento en contra del cristianismo

Encontrar a algún cristianismo estúpido e insatisfactorio y decir: «¡Conque ahí está tu tan cacareado hombre nuevo! Me quedo con los de antes».

¿Qué podéis acaso saber de las almas de los demás… de sus tentaciones, de sus oportunidades, de sus luchas? Sólo conocéis un alma en toda la Creación: y ésa es la única cuyo destino está en vuestras manos. Si existe un Dios estáis, en cierto modo, solos con Él. No podéis aplacarle con especulaciones acerca de vuestros vecinos o recuerdos de cosas que habéis leído en los libros.

Cuando la neblina anestésica que llamamos «naturaleza» o «el mundo real» se desvanezca y la Presencia ante la cual siempre habéis estado se vuelva palpable, inmediata, inevitable?

11. LOS HOMBRES NUEVOS

Relación del cristianismo con la Teoría de la Evolución

Esperaría que el próximo paso en la evolución no fuera en absoluto un paso en la evolución: esperaría que la evolución misma como método que produce el cambio fuera superada. Y, finalmente, no me sorprendería que, cuando esto ocurriera, muy poca gente se diera cuenta de que estaba ocurriendo. Y, si hablamos en estos términos, el punto de vista cristiano es precisamente que el próximo paso ya ha aparecido. Y es realmente nuevo. No se trata de un cambio de nombres inteligentes a hombres aún más inteligentes: es un cambio que va en una dirección totalmente diferente… un cambio de ser criaturas de Dios a ser hijos de Dios.

El primer paso de la nueva evolución

La primera muestra apareció en Palestina hace dos mil años. No es algo que surge del proceso natural de los acontecimientos sino que adviene a la naturaleza desde fuera. Pero eso es lo que cabría esperar. Tiene estas características: no es reproducción sexual, voluntario, rápido en sólo 2000 años, se hace por contacto con Cristo (infección), renace cada vez que se cree muerto, transforma a nuevos hombres.

Los nuevos hombres no son iguales entre sí, son distintos

Tiene estas características: fuertes, tranquilos, felices, radiantes, no llaman la atención, nos aman sin necesitarnos, parecen tener mucho tiempo libre, se reconocen entre ellos mismos.

Convertirse en un hombre nuevo significa perder lo que ahora llamamos «nosotros mismos». Debemos salir de nosotros y dirigirnos hacia Cristo. Su voluntad debe convertirse en la nuestra y debemos pensar Sus pensamientos, tener «la mente de Cristo», como dice la Biblia. Y si Cristo es uno, y si está destinado a estar «en nosotros», ¿no seremos todos iguales? Podría parecer que sí, pero de hecho no es así.

No hay otras dos cosas relacionadas entre sí como lo están el Creador con una de Sus criaturas. Lewis pone aquí dos ejemplos maravillosos: mundo en el que no se conoce la luz y mundo donde no se conoce la sal. La luz y la sal potencian las diferencias haciendo único a casa ser o plato.

Cristo nos hace diferentes liberándonos de la dominación de los deseos

Lo que ocurre con Cristo y nosotros es algo parecido. Cuanto más nos liberemos de lo que llamamos «nosotros mismos» y le dejemos a El encargarse de nosotros, más nos convertiremos verdaderamente en nosotros mismos. En ese sentido nuestros auténticos seres están todos esperándonos en Él. Es inútil intentar ser «nosotros mismos» sin Él. Cuanto más nos resistamos a Él e intentemos vivir por nuestra cuenta, más nos vemos dominados por nuestra herencia genética, nuestra educación, nuestro entorno y nuestros deseos naturales. De hecho, lo que tan orgullosamente llamamos «nosotros mismos» se convierte simplemente en el lugar de encuentro de cadenas de acontecimientos a los que jamás dimos comienzo y que no podemos detener. Lo que llamamos «nuestros deseos» se convierte simplemente en los deseos manifestados por nuestro organismo físico, o instilados en nosotros por los pensamientos de otros hombres, o incluso sugeridos por los demonios.

No somos, en nuestro estado natural, tan personales como nos gustaría creer: la mayor parte de lo que llamamos «nosotros» puede ser fácilmente explicable. La propaganda explica nuestra ideología. Nuestras decisiones pueden ser debidas a causas naturales: alcohol, huevos o un buen descanso nocturno. Es cuando nos volvemos a Cristo, cuando nos entregamos a Su Personalidad, cuando empezamos a tener una auténtica personalidad propia.

Al principio dije que había Personalidades en Dios. Ahora voy a ir más lejos. No hay auténticas personalidades en ningún otro sitio. Hasta que no hayáis entregado vuestro ser a Cristo no tendréis un auténtico ser. La igualdad se encuentra sobre todo entre los hombres más «naturales», no en aquellos que se entregan a Cristo. ¡Cuan monótonamente iguales son los grandes conquistadores y tiranos; cuan gloriosamente diferentes son los santos!

Entrega para dar fruto

Entregad vuestro ser y encontraréis vuestro verdadero ser. Perded vuestra vida y la salvaréis. Someteos a la muerte, a la muerte de vuestras ambiciones y vuestros deseos favoritos de cada día, y a la muerte de vuestros cuerpos enteros al final: someteos con todas las fibras de vuestro ser, y encontraréis la vida eterna. No os guardéis nada. Nada que no hayáis entregado será auténticamente vuestro. Nada en vosotros que no haya muerto resucitará de entre los muertos. Buscaos a vosotros mismos y encontraréis a la larga sólo odio, soledad, desesperación, furia, ruina y decadencia. Pero buscad a Cristo y le encontraréis, y con Él todo lo demás.


Mero Cristianismo
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Mero Cristianismo
  • Lewis, C. S. (Author)

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