Introducción del Peregrino Ruso por Ignacio Pedregosa Rodríguez

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09 marzo 2020

El Peregrino Ruso es un clásico devocional de la Iglesia Ortodoxa Oriental. De autor anónimo, fue escrito en el siglo XIX y está basado en la enseñanza de los Padres del Desierto. Se fundamenta en el recogimiento interior y la oración continua invocando al nombre de Cristo. Para una mente moderna y utilitarista, podría parecer una jaculatoria infantil, pero termina convirtiéndose en un arma poderosa que transformará nuestra vida. Se hace mediante la combinación explícita de técnicas: control pensamientos, repetición labial, acompañamiento con la respiración y después con el corazón y sus latidos. Si se hace de ella una prioridad, evitaremos apegos y tristeza trayendo un gozo especial a nuestra vida. Nuestro comportamiento mejorará, con una tendencia a la brevedad y el silencio. Sin duda, un conocimiento más necesario hoy que nunca.

Localización y autor

Escrito por un autor desconocido, probablemente un peregrino del Monte Athos o del Monasterio de Optina (Moscú) Hace un retrato de la sociedad rusa del siglo XIX (1856-1861) dominada por el naturalismo y el ascenso del socialismo. En aquel contexto, el libro no llama la atención de sus contemporáneos: habla principalmente del recogimiento interior y de la oración continua. El libro describe la Rusia Santa sin hacer descripciones físicas de personajes ni nada.

La oración del corazón

La oración interior continua a Jesús es la invocación ininterrumpida de su nombre divino con los labios, el corazón y la inteligencia:

  • 🇪🇸 Señor, Jesucristo, ¡ten piedad de mí, pecador!
  • 🇬🇷 Kyrie, Jesu Christe, eleison imas.
  • 🇷🇺 Gospodi, Iesusie Christie, pomilui mnia, grieschnogo.

Estamos en presencia de Dios. Por eso no puede ser una repetición mecánica, sino que toda nuestra persona debe estar atenta, concordando lo que dicen nuestros labios con nuestro corazón, sabiendo que el Señor Jesús está junto al que ora.

Elementos de la oración

Oración del Publicano (cf Lc 18,13)
  • Invocación del nombre de Jesús, nombre divino; es el nombre de la segunda Persona de la Santísima Trinidad y, por tanto, un nombre que tiene poder.
  • Oración pronunciada en el evangelio por el Publicano: ¡Ten misericordia de mí, pecador! (cf Lc 18,13)

Al unir ambas expresiones, la persona orante confiesa su condición de pecador, pero sobre todo asume y muestra su condición de criatura, necesitada de ayuda y de misericordia por parte de Dios.

Es una elevación del corazón a Dios. Y el corazón, en esta tradición, es el centro del ser humano. Es el ser humano entero, cuerpo, alma, espíritu, quien se está dirigiendo a Dios.

Origen de la oración

San Juan Clímaco (580-650), en su famosa Scala Paradisi, que todavía es leída en los monasterios ortodoxos en el tiempo de cuaresma, recomienda que la memoria de Jesús esté unida a la respiración.

En los siglos XII y XIII se va fijando la fórmula de la oración hasta llegar al método psicofísico de San Nicéforo el Hesicasta.

El hesicasmo

Los hesicastas – monjes retirados al desierto – aspiraban a conseguir la paz o la quietud para llegar a la unión íntima con Dios o la contemplación. Para ello cultivaban el silencio, tanto exterior como interior, ante todo por medio del control de los pensamientos. Esta corriente espiritual dentro del cristianismo oriental es casi una constante hasta nuestros días y va muy unida a la oración del corazón.

Primera parte

Texto vocacional

Una llamada que nuestro protagonista recibe de Dios al contacto con la Palabra, en la Iglesia. No sólo él ha recibido esta llamada, son muchos los que la han recibido y los que la siguen recibiendo: “Orad sin cesar” (1Tes 5,17) Estas palabras quedaron grabadas en mi memoria, y comencé a pensar cómo es posible orar sin cesar, cuando debemos ocuparnos de tantas cosas.

Objetivo: estado de oración continua

Full title: The Virgin in Prayer Artist: Sassoferrato Date made: 1640-50 Source: http://www.nationalgalleryimages.co.uk/ Contact: picture.library@nationalgallery.co.uk Copyright ?? The National Gallery, London

Lo cual consigue nuestro protagonista con la ayuda y los consejos de su staretz:

Desde entonces camino sin parar y rezo incesantemente la oración a Jesús, que para mí es la cosa más preciosa y dulce del mundo. Si tengo frío, hambre o estoy enfermo, pienso solamente en la oración a Jesús: la cólera y la tristeza desaparecen, y lo olvido todo. A veces pienso, que me he vuelto un poco extraño, no tengo preocupaciones, nada me causa pesar, nada de lo externo me atrae, me agrada estar solo y la única necesidad que tengo es la de orar continuamente. Cuando lo hago me lleno de gozo. ¡Sólo Dios sabe lo que está haciendo en mí! Mi staretz diría que este sentimiento tiene una explicación natural, es el efecto de la naturaleza y la costumbre adquirida.

En otro texto, tomado de San Pedro Damasceno, el Peregrino nos dice:

Es preciso acostumbrarse a invocar el nombre del Señor más que a respirar, en todo tiempo y lugar; y en todas las necesidades. El Apóstol dice: “Orad incesantemente”, lo que significa tener el recuerdo de Dios en todo tiempo, lugar o cosa. Puesto que, en cualquier cosa que uno realice, debe operar el recuerdo de Aquel que ha hecho todo lo que podemos tener entre las manos. Que cada movimiento tuyo sea para ti ocasión de dar gloria a Dios y, de esa manera, verás que oras incesantemente. Por todo esto, el alma se alegrará.

Aprendizaje progresivo para Mentes posmodernas

El aprendizaje de la oración del corazón es algo progresivo. Para una mentalidad posmoderna y utilitarista como la nuestra, nos podría parecer una pérdida de tiempo o una repetición mecánica y sin sentido.

Toda mi ilusión se centraba, de manera instintiva, en volver a la oración a Jesús. Cuando lo hice, sentí una gran felicidad y mis labios y mi lengua pronunciaban de forma espontánea la oración. Pasé el día lleno de gozo y no sentí apego por nada; me parecía estar viviendo en otro mundo.

Transcurrido tiempo, la oración pasará de los labios a su corazón

Me parecía que el corazón mismo, con sus latidos, iba diciendo las palabras de la oración. Rítmicamente el corazón parecía decir: 1. Señor; 2. Jesucristo; 3. Hijo; 4. de Dios; 5. ten piedad; 6. de mí. Dejé de mover mis labios y estuve atento al corazón, intentando también mirar en mi interior

Método de hacer la oración: está en el corazón

Comencé intentando individuar la posición del corazón, según la enseñanza de Simeón el Nuevo Teólogo. Cerré los ojos, concentrando todas las fuerzas de imaginación en el corazón. Este ejercicio me duraba media hora, y lo repetía varias veces. Al principio sólo sentía una impresión de oscuridad; pero no tardó en aparecer en mi corazón y sentir sus movimientos profundos. Luego traté de sincronizarlos con la oración a Jesús, como lo enseñan los santos Padres Gregorio el Sinaíta, Calixto e Ignacio. Aspirando el aire, dirigía la mirada hacia el corazón y decía: Señor Jesucristo. Y luego, expirando continuaba: ten misericordia de mí.

En el fondo del corazón humano vive una secreta oración; el hombre no lo sabe, pero hay algo misterioso en su ser que le empuja a rezar como puede, según su entender.

No hay mayor alegría o mayor felicidad que la que brota de la unión con Dios. Dios sabe colmarnos de su gracia. Y estos son los frutos que se obtienen de su relación con Él, de estar junto a Él, de contemplar su rostro:

La oración interior del corazón me hacía sentir tan feliz, que no podía pensar en una felicidad mayor sobre la tierra. Y no se trataba únicamente de una realidad interior; el mismo mundo exterior tenía para mí algo diverso; todo lo miraba con una luz especial. ¡Todo me llevaba a alabar más al Señor, y a darle gracias! Los hombres, las plantas, los animales… todo me parecía tener una presencia del Señor, que yo antes no descubría.

Meditación

En griego significa hacer miel, rumiar. Se lee despacio; se concentra en él toda la atención, el mayor tiempo posible. Pronto comienzas a percibir que el alma se va iluminando. El oyente de la Palabra lo que hace es volver a traer a su memoria un pequeño fragmento de la Escritura que va repitiendo con frecuencia.

Tentaciones

Si el enemigo no logra distraer de la oración al alma con pensamientos vanos e imágenes malas, entonces hace revivir en él recuerdos edificantes y hermosos ideales. No se debe admitir ni el más puro y bello pensamiento. Tampoco sería oportuno dedicar largo tiempo, durante el día, a elegantes reflexiones o conversaciones devotas.

Desprendimiento y abandono de cosas terrenales y espirituales

Hemos de estar ligeros de equipaje y desprendidos de tal forma que nada nos impida, ni siquiera las cosas más sublimes y espirituales, cumplir la voluntad de Dios. Esto es lo más importante. Lo demás sobra. Recuérdalo siempre que descubras que estás apegado a algo o a alguien. Y se puede estar apegado a las cosas más santas.

Dios celoso y consolador

«Transfiguration» by Carl H. Bloch, Danish Painter, 1834-1890. Oil on Copper Plate. Public domain. Source: www.carlbloch.com.
Después de unas tres semanas comencé a sentir un dolor en el corazón, pero acompañado de un gran gozo y una feliz sensación de serenidad. Esto me dio más fuerza para intensificar la oración; dominaba mis pensamientos, sentía un gran gozo y parecía como si mi cuerpo estuviera libre de la ley de la gravedad. Me veía arrebatado y transformado, invadido por el entusiasmo. Sentía un amor ardiente por la persona de Jesús y por toda la creación. A veces las lágrimas se derramaban por mis mejillas, sin yo quererlo, eran un instrumento de agradecimiento a Dios, que había tenido realmente misericordia de mí, miserable pecador. A veces se iluminaba mi pobre entendimiento, y comprendía lo que en otros momentos me había parecido sumamente oscuro. Otras veces mi corazón se hacía eco de un sentido particular de presencia. Con sólo pronunciar el nombre de Jesús me sentía feliz. Entonces comprendí lo que significan las palabras del Evangelio: “El reino de Dios está en medio de vosotros” (Lc 17,21)

Sentido de la mortificación y la penitencia

El que obra por temor es un esclavo, y el que obra esperando una recompensa es un mercenario. Dios quiere que vivamos y vayamos a él como hijos, quiere que lo que nos mueve a acercarnos a él sean el amor y el fervor, y quiere nuestra felicidad y que gocemos uniéndonos a él en el alma y el corazón.

Segunda parte

El tema principal de esta segunda parte, como ocurriera en la primera, es la oración del corazón.

Dios como Padre y el de su bondad

Se nos presenta a ese Dios tierno y cercano que siempre se hace eco de nuestro esfuerzo en la oración:

Ninguna oración, ya sea rica o pobre según nuestro juicio, se perderá ante Dios. El consuelo, fervor y dulzura manifiestan que Dios te premia y consuela por el esfuerzo realizado; la pesadez, tristeza y aridez significan que está purificando y fortaleciendo tu alma, salvándola con esta prueba saludable, disponiéndola a saborear con humildad la futura felicidad.

Fundamentación bíblica de la oración del corazón

Getsemaní
  • Mt 6: 5-15 introducción a la oración.
  • Mt 7: 7-12 consejos oración fructífera.
  • Mc 14: 32-39 Jesús repite orando las mismas palabras en Getsemaní.

Orar es el arma más poderosa para combatir la tentación y purificar el corazón. Sin la frecuente invocación del nombre de Jesús es imposible purificar el corazón.

El pensamiento secreto del hombre no está sometido a ninguna presión externa, sino que goza de una total y absoluta libertad. El pensamiento puede, en cualquier momento, ser reclamado y redirigido hacia la oración; la misma lengua puede orar en secreto sin necesidad de emitir ningún sonido.

Hemos de poner la oración en primer lugar

La oración ha de constituir la principal ocupación de su existencia, ponerla en primer lugar, antes de cualquier otro empeño. En este caso, debe ordenar su trabajo con mayor rigor, reducir al máximo las conversaciones innecesarias, tender a la brevedad y al silencio, sin dedicarse a cosas superfluas. Llevando este tipo de vida, gracias a la invocación del nombre de Dios, todas sus acciones se verán coronadas por el éxito y aprenderá la oración continua a Jesucristo; experimentando entonces concretamente que la frecuencia en la oración, es el único medio de salvación, que aquella depende únicamente de su voluntad, que se puede orar en todo momento, lugar y situación, que es fácil pasar de la oración vocal a la mental, y de ella a la oración del corazón, la cual abre el Reino de los cielos dentro de nosotros.

Para las mentes modernas que lo ven infantil: beneficio de lo mecánico

Para muchos, este tipo de oración puede resultar mecanicista, repetitiva, cansada, inútil y, por qué no decirlo, incluso infantil. Desconocen el efecto beneficioso de este ejercicio mecánico; ignoran cómo esta invocación frecuentemente pronunciada por nuestros labios se convierte poco a poco en un auténtico gemido de nuestro corazón, ahonda en lo más profundo del ser humano, aportando gozo, transformándose en parte misma del alma, que la ilumina, alimenta y conduce a la unión con Dios.

No existe en nuestra vida un tiempo que debamos dedicar al Señor y otro a los hermanos. Espiritualidad y acción tienen que ir de la mano. Hemos de ayudar al prójimo, aunque sea únicamente compartiendo una palabra de aliento o lo que ha vivido en sus momentos de soledad e intimidad con Dios. La oración del corazón es síntesis entre acción y contemplación.


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