El Peregrino Ruso, parte 1: la oración del Corazón de Jesús

 reseñó
4.3
13 marzo 2020

La primera parte del Peregrino Ruso recoge el fundamento teórico-práctico de la oración de Jesús. Se trata de una breve jaculatoria que – según los Padres de la Iglesia – resume todo el Nuevo Testamento. Consiste básicamente en un: «Señor, ten piedad». Que se repite y acompasa con la respiración y los latidos del corazón. Así se consigue una transformación interior que acerca a Dios. El Peregrino recorre diversas ciudades y aldeas de la Santa RusiaIrkustk, Kazan, Tobolsk, Orel, Kiev – en busca de la comprensión de esta oración. Este capítulo está dividido en relatos. Veamos los párrafos destacados de cada uno de ellos.

Primer relato

la oración interior exige concentración y tiempo, da consuelo y felicidad

La oración interior continua es la constante aspiración del espíritu humano por alcanzar a Dios. Para aprender este dulce ejercicio, es necesario que nos concentremos en su realización y hay que pedir a menudo al Señor que Él mismo sea quien nos enseñe a orar sin cesar. Pero hace falta mucho tiempo para aprender.

Da gracias a Dios, querido hermano, por haber despertado en ti el deseo irresistible por conocer la incesante oración interior. No te inquietes, tranquilízate. Debes reconocer en ese deseo una llamada de Dios. Tu angustia no significa otra cosa sino el prevalecer de la voluntad divina sobre tu propia voluntad. ¿Has caído en la cuenta de que la luz de la oración interior no puede provenir de la sabiduría de este mundo, ni del deseo de saber, sino que ella nos viene revelada en la pobreza de espíritu, la sencillez de corazón y la experiencia activa?

La oración interior continua a Jesús es la invocación ininterrumpida de su nombre divino con los labios, el corazón y la inteligencia; consiste en tenerlo siempre en nosotros e implorar su gracia en todo tiempo y lugar, e incluso, durante el sueño. Esta invocación se expresa con las siguientes palabras: Señor, Jesucristo, ¡ten piedad de mí, pecador! Quien se acostumbra a esta plegaria, encuentra en ella tanto consuelo y siente tal necesidad de repetirla, que no puede vivir sin que espontáneamente resuene en su interior.

La técnica: imaginación, concentración y paciencia

Siéntate en soledad y permanece en absoluto silencio. Inclina la cabeza, cierra los ojos, respira suave y profundamente, imagínate que estás mirando en el interior de tu corazón, dirige hacia él todos tus pensamientos. Al ritmo de la respiración pronuncia las siguientes palabras: “Señor, Jesucristo, ¡ten piedad de mí!”, dilo moviendo los labios con dulzura y desde lo más profundo de tu ser. Esfuérzate en alejar de ti todos los demás pensamientos, ten paciencia y repítelo siempre que puedas.

Los efectos: alegría, no apegos, ni sensualidad, como en otro mundo

Toda mi ilusión se centraba, de manera instintiva, en volver a la oración a Jesús. Cuando lo hice, sentí una gran felicidad y mis labios y mi lengua pronunciaban de forma espontánea la oración. Pasé el día lleno de gozo y no sentí apego por nada; me parecía estar viviendo en otro mundo.

  • La invocación del nombre de Jesús me alegraba el corazón y todo el mundo aparecía ante mis ojos lleno de bondad; sentía que todos me amaban.
  • Si me encontraba con alguna persona no sentía ningún deseo de entretenerme con ella, aun cuando sentía un afecto tan grande, como si todos fueran de mi familia. Los apetitos de la sensualidad desaparecieron.
  • Las largas ceremonias me parecían cortas y no me cansaban. Mi solitaria cabaña me parecía un palacio suntuoso.

Camino sin parar y rezo incesantemente la oración a Jesús, que para mí es la cosa más preciosa y dulce del mundo. A veces recorro setenta verste en un día y no siento ningún cansancio: sólo sé que he rezado. Cuando siento mucho frío repito con más intensidad mi oración y me siento aliviado. Cuando siento hambre, invoco con más fuerza el nombre de Jesús y me olvido de mis deseos de comer. Si me siento enfermo y noto que me duele la espalda o las piernas, me concentro en la oración a Jesús y el dolor desaparece. Cuando alguien me ofende, pienso solamente en la oración a Jesús, la cólera y la tristeza desaparecen, y lo olvido todo. A veces pienso que me he vuelto un poco extraño, no tengo preocupaciones, nada me causa pesar, nada de lo externo me atrae, me agrada estar solo y la única necesidad que tengo es la de orar continuamente. Cuando lo hago me lleno de gozo. ¡Sólo Dios sabe lo que está haciendo en mí!

Segundo relato

Después de un tiempo, sentí que mi oración había pasado de los labios al corazón. Me parecía que el corazón mismo, con sus latidos, iba diciendo las palabras de la oración. Rítmicamente el corazón parecía decir: 1. Señor; 2. Jesucristo; 3. Hijo; 4. de Dios; 5. ten piedad; 6. de mí. Dejé de mover mis labios y estuve atento al corazón, intentando también mirar en mi interior.

Robo de su Biblia: vivir desprendido

Esto te sucede para que no estés atado a los gustos espirituales. Dios quiere cristianos que renuncien a todo aquello que les pueda atar para ofrecerse libremente al servicio de su voluntad. Todo lo que Él hace es para el bien de sus elegidos. «El cual quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1Tim 2,4). «Dios es fiel y no permitirá que seáis sometidos a pruebas superiores a vuestras fuerzas; ante la prueba os dará fuerza para superarla».

Palabra de Dios como sanación del alcoholismo

El monje me decía que las palabras del evangelio obran por sí mismas, porque son palabra de Dios. —No es necesario entender, basta leer con atención. Un santo dijo que si tú no entiendes la palabra de Dios, los malos espíritus sí la entienden, y tiemblan. Y tu embriaguez viene de los malos espíritus. Y te diré todavía más. San Juan Crisóstomo asegura que hasta el lugar donde se guardan las Escrituras aterra a los malos espíritus y es un obstáculo para sus intenciones.

Una misma persona puede realizar tres cosas al mismo tiempo, «cuando estés sentado a la mesa, dice él, alimenta tu cuerpo, escucha la lectura y ora en el corazón». La mente y el corazón son dos cosas distintas.

Bondades de la Filocalía

Pasaba todo el día en el bosque leyendo la Filocalía. Me entristecía, sin embargo, no encontrar un lugar estable en el cual poder dedicarme con mayor sosiego a la lectura. La Filocalía es la llave que abre el entendimiento de los misterios de la Escritura. Con ayuda de la Filocalía comencé a entender mejor lo oculto de la palabra de Dios.

Creación Del Hombre Dios

Descubrí qué significaba el hombre interior en el fondo del corazón, la verdadera oración, la adoración en Espíritu, el Reino en nuestro interior, la intercesión del Espíritu Santo… Comprendí también el sentido de expresiones como estas: «Vosotros estáis en mí» (cf Jn 15,4); «Dame tu corazón» (cf Prov 23,26); «Revestirse de Cristo» (cf Gál 3,27), qué significan «las bodas del Espíritu con los hombres», la invocación: «¡Abba, Padre!» (cf Gál 4,6), y otras expresiones. Al mismo tiempo, las cosas que me rodeaban parecía como que se transformaban con la oración: los árboles, la hierba, los pájaros, la tierra, el aire, la luz… Todo parecía decirme que existía para mí. Me parecía que daban testimonio de que Dios las había creado para el hombre por amor. Así comprendí lo que la Filocalía llama el lenguaje de la creación y la posibilidad de hablar de Dios con la misma creación.

Gracias a la Filocalía comprendí claramente lo que significa la oración interior, cómo se podía conseguir, y cuáles eran sus efectos y cómo plenificaba el cuerpo y el espíritu; y entendía también cómo poder distinguir si estos efectos vienen de Dios, de la naturaleza o de la tentación.

calma la ansiedad y aclara dudas a la gente «moderna»

Se me había acabado el pan y me preguntaba qué podría hacer para no morir de hambre. Comencé a orar en mi corazón, se desvaneció mi preocupación y me entregué a la voluntad de Dios, quedando contento y tranquilo.

¿Será cierto lo que decía la Biblia? ¿Cómo puede resucitar un muerto? Nadie ha vuelto del más allá para decírnoslo y los muertos se convierten en polvo. A lo mejor ese libro ha sido escrito por los popes o las autoridades para darnos miedo y mantenernos sumisos. ¿Y si nos torturamos en vano? ¿Y si no existiese la otra vida? ¿No sería preferible pasarlo bien en este mundo, aquí y ahora?

Es inútil querer dejar de pecar sólo por temor al castigo; que el alma no puede liberarse de los pensamientos culpables sino mediante la oración interior. Los Santos Padres comparan la actitud del que sigue el camino del esfuerzo, no por temor sino por ganar el cielo, con la actitud de un mercenario; dicen que el que obra por temor es un esclavo, y el que obra esperando una recompensa es un mercenario. Dios quiere que vivamos y vayamos a él como hijos, quiere que lo que nos mueva a acercarnos a él sean el amor y el fervor, y quiere nuestra felicidad y que gocemos uniéndonos a él en el alma y el corazón. —Podrás hacer todas las penitencias inimaginables –le dije–, pero si no tienes a Dios en tu alma y la oración a Jesús en tu corazón, no encontrarás la paz, y estarás siempre expuesto a caer de nuevo. Disponte, pues, a rezar la oración a Jesús, en esta soledad te resultará fácil y pronto notarás sus efectos positivos. Desaparecerán los malos pensamientos, y el amor te hará crecer en la fe. Ya no te parecerá un cuento que los muertos resuciten, ni temerás al juicio final. Tú mismo te asombrarás de la libertad y el gozo que anidarán en tu corazón. Nada te atormentará.

«Ambicionad dones más altos» (1 Cor 12,31); «No apaguéis al Espíritu» (1 Tes 5,19)

Flujo de la oración interior

The Virgin in Prayer Artist: Sassoferrato Date made: 1640-50. The National Gallery, London.

Comencé intentando individuar la posición del corazón, según la enseñanza de Simeón el Nuevo Teólogo. Cerré los ojos, concentrando todas las fuerzas de imaginación en el corazón. Este ejercicio me duraba media hora, y lo repetía varias veces. Al principio sólo sentía una impresión de oscuridad; pero no tardó en aparecer mi corazón y sentir sus movimientos profundos. Luego traté de sincronizarlos con la oración a Jesús, como lo enseñan los santos Padres: Gregorio el Sinaíta, Calixto e Ignacio. Aspirando el aire, dirigía la mirada hacia el corazón y decía: Señor Jesucristo. Y luego, expirando continuaba: ten misericordia de mí. Lo fui repitiendo, primero durante una hora, después durante dos, y posteriormente, gracias al ejercicio continuo, casi todo el día. Cuando se me hacía difícil, o sentía pereza o fatiga, abría de nuevo la Filocalía, y leía en seguida los puntos que trataban de la oración interior, y de nuevo sentía ganas de practicarla.

Después de unas tres semanas comencé a sentir un dolor en el corazón, pero acompañado de un gran gozo y una feliz sensación de serenidad. Esto me dio más fuerza para intensificar la oración; dominaba mis pensamientos, sentía un gran gozo y parecía como si mi cuerpo estuviera libre de la ley de la gravedad. Me veía arrebatado y transformado, invadido por el entusiasmo. Sentía un amor ardiente por la persona de Jesús y por toda la creación. A veces las lágrimas se derramaban por mis mejillas, sin yo quererlo, eran un instrumento de agradecimiento a Dios, que había tenido realmente misericordia de mí, miserable pecador. A veces se iluminaba mi pobre entendimiento, y comprendía lo que en otros momentos me había parecido sumamente oscuro. Otras veces mi corazón se hacía eco de un sentido particular de presencia. Con sólo pronunciar el nombre de Jesús me sentía feliz. Entonces comprendí lo que significan las palabras del Evangelio: «El reino de Dios está en medio de vosotros» (Lc 17,21)

La oración del corazón ejerce su influencia en tres esferas distintas: en el espíritu, en los sentidos, en la inteligencia.

  • En el espíritu, por ejemplo, sentía la dulzura del amor de Dios, la paz interior, el vuelo del espíritu, la limpieza de los pensamientos, el resplandor de la idea de Dios.
  • En los sentidos, un agradable calor en el corazón, un bienestar generalizado, la alegría exterior, la agilidad, la serenidad en las enfermedades o en las penas.
  • En la inteligencia, iluminación de la razón, comprensión de la Sagrada Escritura, entendimiento de la creación, rechazo de la vanidad, nuevo concepto de la santidad y de la vida interior, certeza de la cercanía de Dios y de su amor.

Después de cinco meses en esta soledad y en oración, inmerso en una felicidad plena, me acostumbré de tal manera a la oración interior, que la practicaba ininterrumpidamente; hasta que fui notando que ella misma brotaba sin realizar esfuerzo alguno por mi parte. La sentía no sólo cuando estaba despierto, sino también durante el sueño, sin interrupción alguna. Mi alma daba continuas gracias a Dios, mientras mi espíritu exultaba de gozo incesante.

Resuelve problemas

La oración interior del corazón fue mi compañera y consuelo a lo largo de la peregrinación. Nada la impedía, ni las ocupaciones, ni las circunstancias exteriores. La misma oración parecía ayudarme a resolver los problemas que se me presentaban. Cuando leía o escuchaba, la oración seguía manando del interior de mi corazón. Parecía como si se desdoblase mi personalidad o hubiese dos almas en mí, una que escuchaba y otra que oraba.

Suceso del lobo revela dos mundos

Forbidden fruit.jpg – Wikipedia, la enciclopedia libre.

Siempre les suceden los milagros a los mismos, a los ignorantes – dice el escribano escéptico. En ese suceso se revelan dos mundos: el visible y el invisible, el sensible y el espiritual. Cuando el primer hombre, Adán, estaba en estado de inocencia, todos los animales le obedecían y se acercaban a él sin temor alguno. Y Adán les ponía nombre a todos. El staretz, a quien perteneció ese rosario, sin duda que era un santo. ¿Qué quiere decir eso? Pues significa la vuelta al primitivo estado de inocencia, porque cuando el alma se santifica, se santifica también el cuerpo. El rosario del staretz, por el contacto continuado con sus manos, estaba penetrado de la fuerza del primer hombre antes de la caída en el pecado. Y los animales sienten esta fuerza, pues la nariz es para ellos el órgano más importante.

«Toda la creación espera ansiosamente que los hijos de Dios salgan a la luz y suspira por ser liberada de la vanidad de este mundo» (cf Rom 8,19-20). Pues bien, este misterioso suspirar de la creación es la oración interior. No es necesario aprenderla; la llevamos dentro, es innata a nosotros.

Reza sobre todo la oración a Jesús; ella nos acerca a Dios más que todas las demás oraciones y por ella conseguirás la salvación de tu alma.

La soledad es una vocación

La objeción del sacerdote al peregrino:

—¿Por qué quieres estar siempre solo? Se reza mejor, y más alegremente, cuando se reza con los demás. Dios no creó el hombre para que viviera solo, sino para que cada uno pueda ayudar a su prójimo y así juntos poder alcanzar la salvación.

—Padre –le respondí–, cada uno hemos recibido de Dios una vocación. Tenéis razón en lo que decís. Unos han predicado a multitudes y otros se han retirado a la soledad, siguiendo todos, su propia inclinación y creyendo que estaban en el camino que Dios les había señalado.

Si no quieres casarte simula alguna enfermedad – dijo el Peregrino a la joven. El novio de mi hija ha renunciado a su petición. Se ha enfadado con Akulka, y se ha sentido ofendido por su huida.

Consigues aguante

Todos estos sucesos los veía como si no tuvieran nada que ver conmigo. Los contemplaba como de lejos, y no me entristecían lo más mínimo. Era como si se tratase de otra persona, y yo fuera un simple espectador. Incluso cuando me azotaron lo soporté con naturalidad, porque la oración seguía brotando de mi corazón, me centraba en ella, y no atendía a otra cosa.

«Cuantos se empeñan con particular fuerza en la oración, son atormentados por temibles y ásperas tentaciones».

«No debemos sólo orar incesantemente el nombre de Jesús, según el mandato divino, sino enseñarlo y explicarlo a todos: monjes y laicos, sabios e ignorantes, hombres, mujeres y niños; en todos debemos despertar el deseo por la oración continua». Es necesario huir de la vanidad y cuidar que la semilla de la enseñanza divina no se disperse.

Objeciones católicas a la oración del corazón

Objeción: he oído decir que contiene extraños ritos y oraciones, inventados por algunos monjes griegos, a imitación de los que hacen algunos fanáticos de la India (hindúes) y de Bukara (musulmanes) Llenan sus pulmones de aire hasta que se encuentran en un estado en el que el corazón les tiembla o les palpita de manera más lenta. Y creen que esta sensación es una gracia de Dios. Para cumplir nuestros deberes para con Dios no es necesario hacer esas cosas. Basta con rezar, al levantarse, el Padrenuestro que Jesús nos enseñó. Estar todo el día repitiendo la misma oración puede volvernos locos.

Respuesta: —¡No habléis así de este libro santo, señor! –le respondí–. No son sólo unos pobres monjes griegos los que han escrito este libro, sino también grandes santos, venerados por vuestra Iglesia, como Antonio el Grande, Macario el Grande Marcos el Asceta, Juan Crisóstomo y otros. De ellos precisamente aprendieron los monjes de la India la técnica de la oración interior del corazón. Lo que pasa es que después, ellos la han desfigurado, según me dijo mi staretz.

En cuanto a la Filocalía, toda su enseñanza sobre la oración está sacada de la Biblia. Jesús que nos enseñó a rezar el Padrenuestro, nos dijo también:

  • «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente» (Mt 22,37)
  • «Velad y orad» (Mc 13,33)
  • «Permaneced en mí y yo en vosotros» (Jn 15,4).

Y los santos Padres, al citar las palabras de David en los salmos: «Gustad y ved qué bueno es el Señor» (Sal 34,9), lo interpretan diciendo que hay que hacer todo lo posible para conocer la oración interior, no contentándose únicamente con rezar el Padrenuestro.

Triple pecado de quienes no tratan de conocer la oración interior:

  • 1º, contradicen las Sagradas Escrituras.
  • 2º, no llegan siquiera a sospechar que pueda existir un estado más elevado y perfecto. Contentándose con las virtudes exteriores, ignoran el hambre y sed de verdad, justicia, felicidad y alegría en el Señor;
  • 3º, considerando sólo las virtudes exteriores, caen con frecuencia en la vanidad y satisfacción propia.

Gustad de la soledad y veneración de tumbas

En la inmensa soledad, me parecía estar solo en el mundo. Yo, pobre pecador, estaba a solas con Dios, los dos en la inmensidad del silencio. La oración resonaba en el interior con más fuerza que estando con los hombres. Hasta los latidos del corazón parecían tener mayor fuerza. Con esta grata experiencia llegué a Irkutsk. Fui a postrarme ante el sepulcro de las reliquias de san Inocencio.

Tercer relato

Jean-François Millet Angelus – Wikipedia.

Mi esposa y yo por la tarde realizábamos mil inclinaciones – metanías – para no caer en tentación.

Con razón me decía un director espiritual que, en el fondo del corazón humano vive una secreta oración; el hombre no lo sabe, pero hay algo misterioso en su ser que le empuja a rezar como puede, según su entender.

La muerte de mi esposa enferma me sumió en tan amargo dolor. Caía en tierra convulsionándome y sollozando, casi hasta perder el sentido. Esta nostalgia se me hacía insoportable. ¡Fui a Kiev, lugar en el que se conservan tantas y tantas reliquias! Quise pedir a los santos que me ayudasen en mi dolor.

Cuarto relato

Poder de la concentración y el olvido

He tenido un cuidado especial por centrarme en aquello que podía servirme para la oración interior del corazón. Todo lo demás he procurado olvidarlo, teniendo en cuenta lo que dice el Apóstol: «Olvidando lo que queda atrás, me lanzo en persecución de lo que está delante; corro hacia la meta» (Flp 3,13s)

Pero no es posible olvidarlo todo. Hay recuerdos que han quedado tan fijados en mi memoria, que no existe fuerza alguna que pueda destruirlos.

Las distracciones del enemigo

Y mi venerable staretz me decía que las dificultades para la oración podían venir tanto de una parte como de su contraria, es decir, si el enemigo no logra distraer de la oración al alma con pensamientos vanos e imágenes malas, entonces hace revivir en él recuerdos edificantes y hermosos ideales. Lo que importa es distraer el alma de la oración como sea, porque no la soporta. También me enseñó que mientras se reza no se debe admitir ni el más puro y bello pensamiento. Tampoco sería oportuno dedicar largo tiempo, durante el día, a elegantes reflexiones o conversaciones devotas.

Costumbres ortodoxas para un Paraíso en la Tierra

Por momentos siento un deseo irrefrenable de orar, la necesidad de estar solo, a fin de poder acoger aquel impulso tan fuerte y ocultarlo a las miradas de los hombres: lágrimas, suspiros y expresión del rostro.

Nos abrazamos, nos dimos el beso de la paz, como hermanos en Cristo, y luego me dijo: —Ven, hermano, bendice mi aposento. Hice la señal de la cruz, oré un momento y le dije: —Tenéis una casa, señor, que es un paraíso en la tierra. Tenéis aquí al Señor Jesús y a su Madre Santísima, a los santos… Tenéis su palabra y enseñanzas. Seguramente tendréis frecuente conversación con ellos.

Ellos mismos nos acompañaron durante una versta, después nos despedimos.

Padrenuestro católico (caritativo) vs ortodoxo (contemplativo)

El católico insiste, sobre todo, en las obras de caridad cristianas, en las obras activas de caridad. Yo he leído, sin embargo, en los santos Padres una explicación que es, ante todo, mística y orientada a la contemplación interior.

  • Padre nuestro, que estás en los cielos, las explica vuestro libro como una llamada al amor al prójimo, considerándonos todos hermanos, hijos de un mismo Padre. Es una explicación muy justa. Pero los santos Padres añaden un comentario más espiritual. Dicen que esas palabras son también una invitación a aspirar al cielo, donde está nuestro Padre, y a vivir siempre en su presencia.
  • Santificado sea tu nombre, las explica vuestro libro en el sentido de no tomar el nombre de Dios en vano. Los comentaristas místicos ven también aquí la petición de la oración interior, para que el nombre de Dios esté continuamente en nuestro corazón y de él brote la oración interior, que invoca su nombre.
  • Venga a nosotros tu reino, es explicada por los santos Padres como petición de la paz y la alegría de Dios en nuestro corazón.
  • Danos hoy nuestro pan de cada día, se refieren a las necesidades corporales y a lo que es necesario para ayudar al prójimo. Pero san Máximo el Confesor explica que el pan diario como el pan celestial que alienta el espíritu es la palabra de Dios y la unión con él, en el continuo pensamiento de él y en la oración incesante del corazón.

Recuerdo incesante de Dios

Según la Filocalía, es preciso acostumbrarse a invocar el nombre del Señor más que a respirar, en todo tiempo y lugar; y en todas las necesidades. El Apóstol dice: «Orad incesantemente», lo que significa tener el recuerdo de Dios en todo tiempo, lugar o cosa. Puesto que, en cualquier cosa que uno realice, debe operar el recuerdo de Aquél que ha hecho todo lo que podemos tener entre las manos. Si, por ejemplo, ves la luz, no te olvides de Aquel que te la ha dado. Si ves el cielo, la tierra, el mar y todos los seres, admira y glorifica a Aquel que los ha hecho. Si llevas puesto un hábito, reconoce de quién es el don y canta himnos a Aquel que provee tu vida. En una palabra, que cada movimiento tuyo sea para ti ocasión de dar gloria a Dios y, de esa manera, verás que oras incesantemente. Por todo esto, el alma se alegrará.

Técnica interior, explicación general

Todos pueden llegar a ella. Basta con sumergirse silenciosamente en el propio corazón, invocando con la mayor frecuencia posible el nombre de Jesús. Inmediatamente se descubre una luz interior y todo se hace más comprensible.

Lo que nos pasa a los mortales, es que estamos muy lejos de nosotros mismos y no nos interesa entrar en nuestro interior. Huimos de nosotros mismos. Nos perdemos en cuatro bagatelas con tal de no encontrarnos en profundidad con nosotros mismos. Buscamos escapatorias, con lo que nuestros deseos se quedan en palabras. Con frecuencia nos decimos: me gustaría hacer oración, mirar en mi interior…, pero no tengo tiempo, las ocupaciones y los negocios me impiden dedicarme a ello. Tendríamos que preguntarnos de verdad, qué es lo más importante, si la vida del alma que tiene límites de eternidad, o el cuerpo, que tiene una vida pasajera.

La obsesión de las personas afectadas por mi maldad

Celos

Las apariciones se fueron poco a poco haciendo una obsesión. Eran hombres a quienes yo había tratado de forma cruel, y mujeres a las que había seducido. Todos me recriminaban por mi vida, y no me dejaban en paz. Mi salud mermó y marché al extranjero para ver si desaparecían las pesadillas pero éstas aumentaban y retorné a casa más muerto que vivo. Todo eso fue, no obstante, la puerta que me permitió reconocer las negligencias de mi propia vida. Me arrepentí, me confesé, liberé a todos mis sirvientes, y me propuse pasar el resto de mi vida haciendo penitencia, trabajando duro y haciéndome pasar por un pobre mendigo.

Deseaba, de verdad, humillarme y hacerme el más miserable de los hombres. Apenas había tomado esta decisión, cesaron las pesadillas, y mi reconciliación con Dios me dio tal gozo y alegría que me es imposible describirlo. Y yo, que había comprendido lo que era por experiencia el infierno, comprendí también por experiencia lo que era el cielo y cómo el reino de Dios está dentro de nosotros.

Nuestra percepción puede estar equivocada

El ojo es la lámpara del cuerpo Mt 6:22,23

En la Filocalía: «La naturaleza de los objetos se aprecia según la disposición interior del alma», es decir, que cada uno se forma una idea de los demás según lo que es él mismo. Y más adelante añade: «Quien ha conquistado esta ciudadela no puede estar atado a la percepción de las cosas. No tiene en cuenta para nada las dulzuras de la vida, no hace diferencia entre lo sagrado y lo profano, sino que, como Dios que hace llover y que salga el sol de igual manera sobre justos e injustos».

Tendencia al silencio y la soledad

En mi interior sentía un hambre especial de oración. No sabía cómo dar rienda suelta a estos deseos, pues hacía ya dos días que me sentía fuera de la soledad y del silencio. Mi corazón parecía un río que buscaba por dónde romper para inundarlo todo. Comprendí, entonces, por qué los que practican la oración del corazón buscan siempre la soledad y huyen del mundo, escondiéndose de los hombres. Comprendí también por qué el venerable Hesiquio califica de charlatanería, incluso, las conversaciones más altas. Y recordé también las palabras de san Efrén de Siria: «Una palabra es plata, pero el silencio es oro puro».

«La oración continua consiste en invocar sin cesar el nombre del Señor. El nombre del Señor debe ser invocado en cualquier circunstancia: caminando, sentado, de pie, en el trabajo… En todo tiempo y lugar hay que invocar este santo nombre».

Técnica explicada al ciego

El ciego me insistió en que le explicase cómo la mente puede encontrar el corazón e introducir en él el nombre de Jesús. Estás ciego y no ves los objetos. Sin embargo, puedes representarte aquellas cosas que viste antes de perder la vista. Ahora—Pues bien, lo mismo puedes hacer con el corazón. Haz que tu mirada penetre en tu interior, en tu corazón; escucha sus latidos, que son latidos de verdad. Cuando te hayas acostumbrado a escuchar esos latidos, procura relacionar las palabras de la oración interior con el ritmo de los latidos de ese corazón. Así, en el primer latido di: Señor; en el segundo pronuncia: Jesús; en el tercero: ten misericordia; y en el cuarto, para finalizar: de mí. Repítelo muchas veces. A ti te resultará más fácil, pues en cierta manera estás ya acostumbrado a repetir la frase. No tienes que hacer más que relacionarla con los latidos del corazón. También te servirá relacionar las palabras de la oración del corazón con la respiración. Mientras inspiras el aire, dirás: Señor, Jesús; y mientras expiras, completarás: Ten misericordia de mí. Si lo haces así, al principio sentirás un ligero dolor en el corazón; después se te cambiará en calor gozoso. Procura rechazar cualquier imaginación que te surja durante la oración, pues entonces la oración pierde su pureza y se convierte a esas imaginaciones creando, en el supuesto orante, puras ilusiones.

Efectos: calor y luz espiritual

Pasados cinco días comenzó a sentir un calor gozoso en el corazón y un deseo irrefrenable de seguir ejercitando la oración del corazón. La oración le iba revelando su amor a Jesús. A veces le parecía descubrir en su corazón como una luz, que le subía desde el mismo corazón y le iluminaba completamente. Era una llama que iluminaba la distancia, teniendo la impresión de ver en esa misma distancia. El ciego ve incendio en una aldea a kilómetros.

Visiones pueden ser naturales

Vision of Daniel by Joshua Reynolds (over an original Rembrandt) – Gemäldegalerie – Berlin – Germany 2017

Pero cuídate bien de tener tus visiones por revelaciones directas. Tu visión puede explicarse de una forma completamente natural. El alma humana no está ligada a lugares ni a distancias. Puede ver en la oscuridad tanto los objetos cercanos como los lejanos; sólo se lo impide la opacidad de nuestro cuerpo, de nuestros pensamientos e imaginaciones inútiles. Cuando nos concentramos hasta prescindir de estas realidades corporales, entonces nuestra alma, o nuestro espíritu, alcanza su dimensión natural y vuelve a ser ella misma, sin impedimento corporal alguno. Y entonces puede suceder lo que te ha sucedido a ti. Mi difunto staretz me decía haber conocido personas no dadas a la oración, que tenían el poder de ver en la oscuridad y de penetrar en el pensamiento de los demás.

Los verdaderos efectos de la oración son otros. Es, sobre todo, una alegría que nadie puede expresar del todo, y que no puede compararse con cosa natural alguna. Las cosas materiales son muy poca cosa si se las compara con las verdaderas sensaciones de la gracia. Lo que pasa es que cuando no tenemos experiencia de estas, las sensaciones sensibles y materiales las identificamos con ellas, y nos parece que son espirituales. ¡Qué error!

Una nueva mirada

Lo que me había pasado con el ciego. Su ejemplo había hecho aumentar en mí la devoción y el amor al Señor. La oración interior del corazón me hacía sentir tan feliz, que no podía pensar en una felicidad mayor sobre la tierra. Y no se trataba únicamente de una realidad interior; el mismo mundo exterior tenía para mí algo diverso; todo lo miraba con una luz especial. ¡Todo me llevaba a alabar más al Señor, y a darle gracias! Los hombres, las plantas, los animales… todo me parecía tener una presencia del Señor, que yo antes no descubría. Ahora todo se me hacía más familiar. A veces, parecía como si el cuerpo perdiese su peso natural y yo me sintiese liviano y ágil, sin notar la pesadez del cuerpo. Otras veces entraba de tal manera en mi interior, que admiraba la disposición del cuerpo, de todos sus miembros, de su hermosura… Y daba por ello gracias a Dios. A veces sentía una gran alegría, como si me hubieran nombrado zar… A veces, deseaba experimentar pronto la muerte, para poder testimoniarle mi agradecimiento en el mundo de los espíritus puros.

Quitarse mérito pues es de Dios

Le di demasiada importancia a las sensaciones y gustos. Luchaba contra estos pensamientos y procuraba aumentar mi oración. Dispuesto a sufrir las pruebas que me envíe el Señor como reparación por mi dureza y orgullo. Aquellos a quienes enseñé los caminos de la oración interior, ¡ya habían sido preparados por Dios! No fue cosa mía. Este acto de reconocimiento me serenó por completo, y pude continuar mi camino más contento y alegre que antes.

Enloquecer de miedo y curarse en un convento

Jaroslav Vesín – Race of two carriages (1889)

En la posada la cocinera y el dueño se pasaron la cena haciéndose reproches y terminaron pegándose. Mientras tanto, un carruaje chocó contra la casa. La cocinera, presa del pánico, tuvo un colapso y se desplomó. Enloqueció del miedo y perdió el juicio. Ella dice: cuando llegué al convento de monjas no estaba bien de la cabeza.—Fue a causa de un susto. Durante un año, mis padres me llevaron a distintos lugares de devoción, pero sólo en este convento he logrado curarme.

Meditación con la Escritura

El sacerdote al peregrino: me gusta ir despacio y saborear las palabras. Sin esta sabiduría interior, las palabras no me dicen nada, ni a mí, ni a mis feligreses. Lo que importa es la interioridad, no la materialidad de las palabras.

Hay un medio muy sencillo para llegar a ser una persona de vida interior. Puedes practicar de esta manera la meditación: se toma un texto de la Sagrada Escritura; se lee despacio; se concentra en él toda la atención, el mayor tiempo posible. Pronto comienzas a percibir que el alma se va iluminando. Para orar vocalmente se hace algo parecido, se elige una oración breve, de pocas palabras pero cargadas de sentido, se la repite con frecuencia y durante mucho tiempo, y así la oración se hace gustosa.

Mujer que pierde su amor y se dedica a Dios

La anciana contó al peregrino: la víspera de nuestra boda, vino mi novio a mi casa, pero nada más entrar en ella le dio un colapso y cayó fulminado a mis pies. No se pudo hacer nada por él. Este hecho me impresionó de tal manera, que renuncié al matrimonio y decidí entregarme por entero a Dios. Quería visitar los lugares Santos.

Ella me enseñó a recitar esta oración, asegurándome que no me sucedería nada en mi peregrinar. Fiada de su palabra he visitado diversos lugares santos, y nunca me ha pasado nada. Mis padres no me dieron nunca nada para mis viajes.

El poder de la oración se revela incluso a quienes la practican sin conocerla, y que su práctica es camino rápido para llegar a la divina contemplación.

El capitán usó el látigo como Dios el sufrimiento

Cristo expulsando a los mercaderes del Templo.

El capitán dijo al peregrino: por mi aburrimiento y por mi propia enfermedad, me dedicaba a la lectura de autores espirituales. No sabía qué hacer para que mi hijo cambiase. Hasta que se me ocurrió una idea. Le obligué a sentarse en un banco junto a mí, y repetir la oración a Jesús bajo pena de látigo. El hijo cambió su carácter: paz, fervor, dulce, silencioso y trabajador.

El látigo enseñó al muchacho la oración y esta se convirtió en instrumento de consuelo. ¿Acaso las penas y sufrimientos que encontramos en el camino no son el látigo que utiliza Dios para procurarnos la felicidad? ¿Por qué, entonces, habíamos de temerlo tanto? Él nos ama con amor infinito y los látigos nos enseñan a orar, conduciéndonos a verdaderas alegrías.

He hablado demasiado, y los santos Padres dicen que las conversaciones largas, aunque sean espirituales, no son más que pérdida de tiempo. Ya es hora de ir a buscar a quien me acompañará en mi viaje hasta Jerusalén.



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