El Peregrino Ruso, parte 2: mesa redonda con reflexiones sobre la mística

21 marzo 2020

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La primera parte del Peregrino Ruso narraba la búsqueda del fundamento teórico-práctico de la Oración de Jesús. La segunda parte es una mesa redonda de los protagonistas de la peregrinación, en la que se reflexiona sobre la oración en general: requisitos, dificultades y beneficios. He aquí algunas pinceladas: la fe es necesaria para amar, la admiración provoca el conocimiento y la fe, necesidad de ser como niños para no juzgar al prójimo, el Evangelio es un manual de oración, necesidad de silencio y soledad para conectar con Dios, la contemplación no es algo pasivo es mejor que las obras, la purificación del alma empieza por el cuerpo a través por ejemplo del ayuno, el amor propio nunca nos colma convirtiéndose en motivador de la oración, la ansiedad nace de desoír el silencio del corazón. El espíritu se transmite, de ahí la importancia de la oración por los demás, el poder de la imaginación para orar por los demás, etc.

Quinto relato

Nuestra materia fina (pensamientos) y gruesa (palabras) serán juzgadas

Dios no necesita nuestras oraciones de pecadores, pero le gustan por el amor que nos tiene. Dios estima como preciosa toda intención, impulso, incluso pensamiento, dirigido a su gloria y salvación nuestra. Si nuestros pecados serán examinados tan minuciosamente que tendremos que responder de cualquier palabra, deseo y pensamiento, lo serán más aún las buenas acciones.

Orar nos hace santos, no orar da desgracias

Tu débil lucha contra el sentimiento de placer, y tu pereza en el propio conocimiento y autocontrol, han inducido al enemigo a acercase a ti. Cuando oramos nada nos distingue de los santos, de los confesores y de los Mártires. Cambiamos nuestro tiempo de oración, que es lo más importante, por las preocupaciones mundanas, olvidándonos de Dios y de nuestro deber. Esta es la razón por la que nos suceden con frecuencia desgracias y calamidades. ¡Y como si aún fuera poco, Dios, en su infinita bondad, se sirve incluso de estas para instruirnos y dirigir nuestros corazones a él!

Gente que abandona oración por no tener beneficio

Al crecer y verse absorbido por las preocupaciones y negocios de la vida, fue dejando la oración hasta que la abandonó totalmente. Agatonik se justificó diciendo que había rezado mucho tiempo sin haber obtenido beneficio alguno. El ermitaño le contestó: «¿No recuerdas cuando, siendo niño, estuviste a punto de ahogarte y fuiste milagrosamente salvado? ¿No recuerdas cuando saliste inmune de la epidemia que llevó a la tumba a tantos amigos tuyos?

De golpe, quién sabe cómo, sentí aburrimiento y enervación, y mis pensamientos se hicieron sombríos. La oración me venía fatigosamente y se apoderó de mí una especie de indolencia. Leí la Philokalia para dominar este espíritu débil.

Aburriento o aridez es purificación, siempre tened deseo de rezar

Cuando rezo, a veces encuentro una gran alegría y suavidad de espíritu, no sé explicarme el motivo. Otras veces experimento pesadez, aburrimiento y desconsuelo. A pesar de todo, siento un gran deseo de rezar.

La oración siempre agrada a Dios y es útil para nuestra salvación, sean cuales fueren los sentimientos que tengas durante la misma. Lo dicen los santos Padres. Ninguna oración, ya sea rica o pobre según nuestro juicio, se perderá ante Dios. El consuelo, fervor y dulzura manifiestan que Dios te premia y consuela por el esfuerzo realizado; la pesadez, tristeza y aridez significan que, está purificando y fortaleciendo tu alma, salvándola con esta prueba saludable, disponiéndola a saborear con humildad la futura felicidad.

La confesión que guía al hombre interior a la humildad. Hay 4 males a confesar: no amar a Dios, al prójimo, no tengo fe religiosa y estoy lleno de orgullo y sensualidad.

No se puede amar sin fe

La causa de no amar a Dios es la falta de fe; la causa de la falta de fe viene motivada por la falta de convicción, y la falta de convicción nace de no procurar el verdadero conocimiento, de indiferencia hacia la iluminación del espíritu. En una palabra, sin creer no se puede amar; sin convencimiento no se puede creer; y para convencerse es preciso adquirir el pleno y exacto conocimiento de la materia que se tiene delante. A través de la meditación, a través del estudio de la palabra de Dios, y anotando las propias experiencias debo despertar en el alma un hambre y una sed –o como dicen algunos, admiración– que proporcione un deseo insaciable de conocer las cosas más cumplidamente y más de cerca, de penetrar más a fondo en su esencia. El amor se desarrolla con el conocimiento.

Rezaremos con la mayor frecuencia que podamos, porque la oración es el medio fundamental y más poderoso para renovarnos y alcanzar la salvación. La oración brotaba tan fácil y deliciosamente de mi corazón, que me parecía haberme olvidado de todas las cosas y de mí mismo en todo aquel tiempo. En mi mente estaba Jesucristo y solamente él.

«Ten piedad de mí»

Es como decir: «Bondadoso Señor, perdona mis pecados y ayúdame a mejorar; infunde en mi alma un vigoroso impulso a seguir tus órdenes; concédeme tu gracia perdonando mis pecados actuales y cambiando mi mente distraída, mi voluntad y mi corazón hacia ti sólo».

Amor al prójimo

El hijo pródigo

Tu desprecio hacia ellos deriva de que no estás asentado aún en el verdadero amor de Dios, no tienes la seguridad que deriva de la oración interior, no tienes la paz interior. «El alma unida íntimamente a Dios, por el inmenso gozo que le embarga, es como un niño bueno y de corazón sencillo; no condena a nadie: ni al griego, ni al pagano, ni al pecador. Mira a todos sin distinción con una mirada limpia, y desea que todos, griegos, paganos y hebreos glorifiquen a Dios». Deponer la cólera y mirarlo todo a la luz de la Providencia Divina; y cuando recibas una injuria acúsate sobre todo a ti mismo, especialmente por tu escasa paciencia y tu falta de humildad. «El contemplativo se inflama con un amor tal, que si fuese posible, acogería en sí a todo hombre, sin distinguir al malo del bueno».

El Evangelio es el mejor manual de oración

Tras recitar la oración interior del corazón, el Peregrino se sentía mejor; se veía que su mente estaba más libre. Hay una gradualidad, casi podríamos decir una ilación sistemática en la enseñanza sobre la oración, comenzando por el primer evangelista y continuando hasta el Apocalipsis.

  • Capítulo 6 de Mateo, y lee los versículos del 5 al 9. Aquí tenemos la preparación e introducción a la oración.
  • En el mismo capítulo, desde el versículo 9 hasta el 14. Aquí nos presenta la forma de la oración; es decir, las palabras que hemos de usar.
  • Los versículos catorce y quince del mismo capítulo, y verás las condiciones para que tu oración sea eficaz.
  • Séptimo capítulo, encontrarás en los versículos 7-12 lo que tienes que hacer para que tu oración obre. Sobre la frecuencia de la oración:
    • Marcos, capítulo 14, versículos del 32 al 39, donde el mismo Jesucristo, en Getsemaní, repite más de una vez, orando, las mismas palabras.
    • Lucas 18,1-8, cuando nos habla acerca de la insistente petición de la viuda.
  • Descubrimos en Juan la doctrina fundamental sobre la oración secreta e interior del corazón.
    • Se ve en la Samaritana Jn 4:5-25.
    • En el capítulo 15, del versículo 5 al 8, se manifiestan aún más claramente el poder y la necesidad de la oración interior.
    • En el capítulo 16 del mismo evangelista, los versículos 23-25. Aquí se revela el misterio. Aquí ves la fuerza inmensa que tiene la oración en el nombre de Jesús.
  • Hechos de los Apóstoles se nos describe su práctica, es decir, el ejercicio diligente y constante, tal y como lo practicaban los primeros cristianos, iluminados por su fe en Jesucristo (He 4,1) y capítulo 16, versículos 25-26.
  • Cartas apostólicas:
    • Cuán necesaria es la oración en cualquier circunstancia de la vida (Sant 5,13-16)
    • Cómo se debe orar siempre en el Espíritu (Ef 11,18)
    • Cuán necesarias son para la oración, la calma y la paz interior (Flp 4,6-7)
    • Cómo es necesario orar sin interrupción (1Tes 5,17)
    • Cómo es preciso orar no sólo por nosotros, sino por todos los hombres.

Resumen de la oración en el Nuevo Testamento

Con qué sabiduría y sistematización expone el Nuevo Testamento la doctrina de Nuestro Señor Jesucristo con respecto al tema que nos ocupa, y con qué admirable secuencia se nos presenta en los cuatro Evangelios.

  • En Mateo, encontramos la introducción a la oración, su forma, sus condiciones, etc.
  • En Marcos, encontramos los ejemplos.
  • En Lucas, las parábolas.
  • Y en Juan, el secreto ejercicio de la oración interior, si bien es verdad que de esta se habla también en los demás, más o menos extensamente.
  • En los Hechos se ilustran la práctica y los efectos de la oración
  • En las Cartas apostólicas y en el Apocalipsis se habla de hechos concretos, estrechamente ligados al acto de la oración.

Por qué la oración de Jesús es importante como el Padrenuestro

Si la repites con frecuencia y constancia, verás cómo abre con facilidad sorprendente el corazón llenándolo de luz.

Este es, claramente, el caso de los Apóstoles, que llevaban ya más de un año como discípulos de Jesús, y recibieron de Él su oración, el Padrenuestro, que nos han legado, y sin embargo, al final de su existencia terrena, Jesucristo les reveló el misterio que aún ignoraban, para que su oración fuese realmente eficaz. Les dijo: «Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre. Yo os aseguro: lo que pidáis en mi nombre al Padre, os lo dará» (Jn 16,23-24)

Sexto relato

Humildad y negación de uno mismo son claves

La oración es el medio más poderoso y eficaz de curación para cualquier tipo de enfermedad, tanto del cuerpo como del espíritu.

La salvación no es fácil de alcanzar. Pero la misma palabra de Dios que prescribe los mandamientos, ofrece también los medios para cumplirlos fácilmente, así como el consuelo derivado de este empeño. Si esto nos parece que a primera vista se esconde tras un velo de misterio, es, sin duda, para disponernos con una mayor intensidad a la humildad, y conducirnos más fácilmente a la unión con Dios, indicándonos un recurso inmediato en la oración y la súplica de su paternal ayuda. Aquí está el secreto de la salvación, y no en la confianza en nuestras propias fuerzas.

Hay condiciones necesarias para la salvación, una vida devota y luchas heroicas contra sí mismo, que deben conducir a una decidida negación de sí. Su naturaleza dañada y debilitada va a poderle en la lucha contra las convicciones de su razón; caerá en la cuenta de que su libre albedrío está sujeto; que sus inclinaciones son perversas; y que su fuerza espiritual es debilidad.

Orar significa dirigir todo su ser al recuerdo incesante de Dios, caminar en su divina presencia, volver a despertar conscientemente su amor y unir el nombre de Dios con la propia respiración y el latido del propio corazón.

Necesitamos orar para tener fe y hacer buenas obras

Para la salvación del alma es necesaria, ante todo, una fe auténtica. La Sagrada Escritura dice: «Sin la fe es imposible agradar a Dios; quien no crea será condenado» (Heb 11,6; 16,16). Por otro lado, la misma Escritura muestra que el hombre únicamente con sus fuerzas no puede hacer que nazca la fe en su interior, ni siquiera del tamaño de un grano de mostaza; y esto porque la fe no viene de nosotros, sino que es un don espiritual de Dios. Es dada por el Espíritu Santo.

Debemos entonces orar para obtener la fe: «Al que pida se le dará» (Mt 7,8). Los apóstoles no podían por sí solos engendrar en ellos mismos la fe, pero le pidieron a Jesús: «Señor, auméntanos la fe» (Lc 17,5)

Para la salvación del alma, además de la fe, son necesarias las buenas obras, las virtudes, ya que «la fe sin las obras, está muerta» (Jn 2,17) La oración es más necesaria que cualquier otra cosa, pues gracias a ella se reaviva la fe y se realizan las buenas obras. En una palabra, con la oración todo progresa con éxito.

La constancia depende de nuestra voluntad

La constancia afecta exclusivamente a la oración. Las demás virtudes cristianas tienen cada una su propio tiempo; únicamente la oración se ordena que sea ininterrumpida. El hombre no está en disposición de controlar la mente y purificarla de todos los pensamientos superfluos, porque «los pensamientos del hombre son malos desde su juventud» (Gén 8,21), «y sólo Dios da un corazón y un espíritu nuevos, porque el querer y el obrar son de Dios» (Ez 11,19) Dios ha dejado únicamente a la voluntad y fuerza humana la cantidad de la oración, ordenándonos orar continuamente, durante todo tiempo y en cada lugar.

La mera razón de algunos filósofos

¡Qué sabias y próximas al corazón son estas instrucciones prácticas de los Padres, que con experta simplicidad iluminan los métodos más eficaces para alcanzar la perfección del alma! ¡Qué radicalmente distintas son de las enseñanzas morales de las razones teoréticas! La razón nos exhorta a cumplir con esta o aquella buena acción, y a ser fuertes y perseverantes, a creer en el éxito de la virtud; nos incita, por ejemplo, a purificar la mente y el corazón de los deseos de vanidad y a sustituirlos por reflexiones edificantes, a obrar el bien para estar serenos, a vivir según la razón y la conciencia… Sin embargo, ¡ay de mí!, a pesar de nuestros esfuerzos, todo esto no es suficiente sin un recurso frecuente a la oración, es decir, sin pedir ayuda a Dios.

Importancia de la frecuencia, que crea hábito

El principal, el más eficaz y, además, el único medio para obrar el bien y, al mismo tiempo, obtener la salvación, consiste en la oración frecuente e incesante, por imperfecta que esta pueda ser. Cristiano, si no encuentras en ti mismo la fuerza de adorar a Dios en espíritu y en verdad, si tu corazón no siente aún el calor y la dulzura de la oración interior y mental, ofrece, entonces, en sacrificio a Dios la oración que puedas pronunciar, adecuada a las posibilidades de tu voluntad y de tus fuerzas.

Objeciones de personas vanas

Personas vanas, según las cuales la oración frecuente que no calienta el corazón es un despilfarro de fuerza. ¡No, el poder del nombre divino y su frecuente invocación darán fruto a su tiempo! Acerca de esto ha dicho magníficamente un escritor espiritual: «Sé, que muchos filósofos falsamente sabios y pseudoespirituales, buscando siempre una vana grandeza en las prácticas nobles, teniendo en cuenta únicamente la razón y el orgullo, defienden que el simple y asiduo ejercicio de la oración vocal es una ocupación insignificante e infantil, en una palabra: una pérdida de tiempo. Sin embargo, estos infelices se engañan a sí mismos y olvidan la enseñanza de Jesús: «Os aseguro que si no cambiáis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de Dios» (Mt 18,3) Por sí mismos pretenden elaborar una ciencia acerca de la oración, sobre las bases inestables de la razón natural.

Distracciones

El corazón puede orar siempre y sin obstáculos, invocando el nombre de Dios durante cualquier tipo de ocupación (tanto mecánica como intelectual) y también en cualquier situación, por muy ruidosa que esta resulte (quien la haya experimentado lo sabe bien, los demás deben aprenderlo de forma gradual). Pero es más, se puede afirmar con total seguridad que ninguna distracción externa puede interrumpir la oración de quien desea verdaderamente orar. El pensamiento secreto del hombre no está sometido a ninguna presión externa, sino que goza de una total y absoluta libertad.

La soledad y evitar las distracciones constituyen ciertamente la condición principal para una oración atenta y continua, pero la ausencia de estas condiciones no justifica la disminución del tiempo de oración, pues la cantidad y la frecuencia de la oración están en las manos de cualquiera, tanto de quien está sano como de quien está enfermo, pues todo depende únicamente de nuestra voluntad.

La oración ha de constituir la principal ocupación de su existencia, ponerla en primer lugar, antes de cualquier otro empeño. En este caso, debe ordenar su trabajo con mayor rigor, reducir al máximo las conversaciones innecesarias, tender a la brevedad y al silencio, sin dedicarse a cosas superfluas. Es fácil pasar de la oración vocal a la mental, y de ella a la oración del corazón, la cual abre el Reino de los cielos dentro de nosotros.

¿De qué manera podemos incitarla a dedicarse a dos ocupaciones distintas?

  • Principiantes: labios
  • Aprovechados: logran dedicarse a la reflexión o a escribir, y a la vez logran permanecer en la presencia de Dios. Ejemplo: la presencia del emperador expresa muy claramente la posibilidad de mantenerse absorto en la oración continua incluso durante el trabajo intelectual.
  • Con el corazón: no interrumpen la oración, ni siquiera cuando están realizando un profundo ejercicio intelectual, ni tampoco durante el sueño. Controlan de tal modo el mecanismo del corazón, que han logrado tal capacidad para invocar el nombre de Dios, que generan de modo espontáneo la oración,

¿No es preferible ofrecer una oración breve en un momento determinado, con atención, con fervor y ánimo ardiente, y con perfecta conciencia de lo que se hace?

Desconocen el efecto beneficioso de este ejercicio mecánico; ignoran cómo esta invocación frecuentemente pronunciada por nuestros labios, se convierte poco a poco en un auténtico gemido de nuestro corazón, ahonda en lo más profundo del ser humano, aportando gozo, transformándose en parte misma del alma, que la ilumina, alimenta y conduce a la unión con Dios».

Olvidan, que el hombre tiene dos naturalezas, que mutuamente se influyen; que el hombre está compuesto de cuerpo y alma. ¿Por qué, por ejemplo, cuando deseas purificar el alma, se comienza por el cuerpo, ayunando, privándolo de alimento y de comidas apetitosas? Por supuesto, para que no obstaculice sino que favorezca la purificación del alma y la iluminación de la mente, de tal modo que la continua sensación de hambre corporal te haga recordar tu decisión de buscar la perfección interior y aquello que agrada a Dios, cosa que normalmente olvidamos. La propia experiencia nos revela que por medio del ayuno corporal –algo totalmente externo– se llega a la purificación de la mente, a la paz del corazón y a domar las pasiones. De modo que, mediante elementos exteriores y materiales se recibe un beneficio interior y espiritual. Lo mismo ocurre con la oración frecuente de los labios, que nos conduce a la oración interior y facilita la unión de nuestra mente con Dios.

La oración es amor

Cristo en Getsemaní

Para agradar a Dios no hace falta hacer nada más que amar. El bienaventurado Agustín dice: «Ama, y haz lo que quieras». De hecho, el que ama verdaderamente no puede y no quiere hacer nada que desagrade a la persona de su amado… Puesto que la oración es al mismo tiempo efusión y acto de amor, con razón se puede decir también de ella lo mismo; que para la salvación no hace falta nada más, sino orar continuamente.

  • 1. Ora y piensa lo que quieras. Tus pensamientos serán purificados por la oración y ella iluminará tu mente, evitando y ahuyentando todos los pensamientos inoportunos. Así lo afirma san Gregorio el Sinaíta, que aconseja: «Si quieres apartar los malos pensamientos y purificar tu mente, deséchalos con la oración, porque no existe ningún otro poder para controlar el pensamiento». De ello, habla también San Juan Clímaco: «Vence a los enemigos de la mente con la oración a Jesús. No existe ninguna otra arma contra ellos».
  • 2. Ora, y haz lo que quieras.
  • 3. Reza, y no te empeñes en dominar tus pasiones únicamente con tus propias fuerzas. Será la oración quien las destruya en ti. «Porque el que está en vosotros es más grande que el que está en el mundo» (1Jn 4,4) «vencía después de haber caído», porque no se desalentaba a causa de su pecado, sino que recurría a la oración para continuar en la lucha.
  • 4. Ora y no temas nada. Ni las desgracias, ni los reveses de la fortuna. La oración te defenderá y los alejará de ti.
  • 5. Ora como prefieras, pero ora siempre y no te inquietes por causa alguna, al contrario sé alegre en el espíritu y sereno. La oración resolverá cualquier problema y te instruirá.
  • 6. Observa, por último, que si todo el tiempo estás ocupado en la oración, no te quedará ni un solo instante para pecar.

Métodos

El método más eficaz para combatir la pereza y la negligencia frente a la oración consiste en la paciencia y la espera para obtener con la ayuda de Dios, la perfección y la dulzura, la estática percepción del amor divino.

Efectos de la oración en el corazón

Con la oración se pueden obtener sin dificultad sensaciones interiores dulces y deseables; una alegría que desborda el mismo corazón, un placentero calor y una luz que resplandece interiormente, un entusiasmo indescriptible, y además alegría, paz interior, serenidad, felicidad plena y amor por la vida.

«El gozo es la alegría proveniente de la esperanza que florece en el corazón; y la salud del corazón consiste en la prefiguración de esta esperanza». Y prosigue: «De hecho, todo deseo humano presupone, desde su inicio hasta su conclusión, un cierto método y la esperanza de su cumplimiento… Lo cual estimula la mente para iniciar la acción y continuarla. Esta finalidad refuerza la mente para superar los obstáculos y la conforta para llevar a término cuanto ha proyectado».

La oración pueda ser estimulada por el sentimiento de dulzura y alegría que de ella derivan. Así también Macario el Grande enseña que «debemos llevar a cabo todos nuestros deberes espirituales (la oración) hasta el final y tener esperanza suficiente en los frutos que obtendremos, esto debemos hacerlo con el corazón lleno de alegría».

Pensar en una recompensa es estimulante

Wikimedia CommonsFile:Gospel of Matthew Chapter 13-18 (Bible Illustrations by Sweet …

«Si quieres ser perfecto, anda, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres». Esta es la exigencia para alcanzar la perfección, y acto seguido viene la recompensa: «Y tendrás un tesoro en el cielo» (Mt 19,21). «Dichosos seréis si os odian los hombres, si os expulsan, os insultan y proscriben vuestro nombre como infame a causa del hijo del hombre» (Lc 6,22). Esto supone una ardua tarea para alcanzar un logro espiritual, que requiere una excepcional fuerza interior y una paciencia inquebrantable. Pero mayor es el premio.

Si no anhelas el fruto espiritual, es decir: el amor, la paz, el gozo; tu esfuerzo será fatiga inútil. Por tanto no desesperes, debemos fatigarnos con la esperanza de recoger buen fruto, es decir, la consolación y la alegría de nuestro corazón». ¿Veis con qué claridad responde este santo Padre a la cuestión sobre la necesidad del goce en la oración?

El conocimiento de Dios es natural y universal

El hombre natural llega naturalmente al conocimiento de Dios. Y por lo tanto, no existe, ni existirá, ningún pueblo, ninguna tribu aunque sea bárbara, que no haya llegado a algún conocimiento de Dios. De lo cual resulta que, el isleño más salvaje, sin ningún estímulo que le venga del exterior, dirige por así decirlo involuntariamente su mirada al cielo, cae de rodillas, suspira profundamente delante de aquello acerca de lo que no entiende su sentido, pero que nota como necesario, y tiene la inequívoca sensación de algo que le atrae hacia arriba, algo que le empuja a lo desconocido. Todas las religiones naturales parten de aquí. Hemos de apuntar algo verdaderamente significativo: universalmente, la esencia o el alma de toda religión consiste en la oración secreta. Existe una inclinación natural a la oración.

El amor propio incita a la oración

La respuesta psicológica no es difícil de hallar. La raíz, el origen y la fuerza de todas las pasiones y acciones del hombre la encontramos en su amor propio, como lo demuestra claramente la enraizada idea de la autoconservación. Todo deseo humano, toda empresa, toda acción tiene como fin la satisfacción del amor propio y la búsqueda de la propia felicidad. El deseo de satisfacer esta exigencia acompaña al hombre natural durante toda su vida. Pero el espíritu humano no se contenta únicamente con lo que es sólo cuestión de los sentidos puesto que el innato amor propio nunca se mitiga. Esa es la causa por la cual los deseos se desarrollan siempre más y más, los esfuerzos por alcanzar la felicidad se intensifican, llenan la imaginación e incitan a los sentimientos hacia este mismo fin.

El espontáneo surgir de este deseo interior es el natural impulso a la oración, pues la excesiva exaltación del amor propio no logra nunca satisfacer al ser humano. Cuanto menos consigue el hombre natural alcanzar la felicidad y cuanto más la desea, tanto más encuentra en la oración un desahogo. Se vuelve para orar a la desconocida Causa de todo ser, elevándole su petición. De este modo, ese innato amor propio, el principal elemento de la vida, es la causa más profunda que incita al hombre natural a la oración. En su infinita sabiduría, el Creador de todas las cosas ha infundido en la naturaleza humana la capacidad del amor propio, precisamente como estímulo, según la expresión de los Padres, que impulse hacia arriba el ser caído del hombre y lo ponga en contacto con las cosas celestiales.

Séptimo relato

El ermitaño que vive desde hace 20 años en el silencio de un bosque dice: ¡qué feliz es la vida en soledad! Ella permite guiar nuestra alma hacia la ininterrumpida unión con Dios. El bosque silencioso es como un Edén, en el que el dulce árbol de la vida crece en el corazón del solitario que ora.

La ansiedad se produce al no escuchar el silencio del corazón

Ni siquiera si hubieras caído en lo más profundo del infierno deberías desesperar sino dirigirte inmediatamente a Dios, quien elevará en seguida tu corazón caído y te dará más fuerza que antes.

Después de cualquier caída o herida en el corazón, debes ponerte inmediatamente en presencia de Dios, para que te cure y purifique. El espíritu de desánimo y los pensamientos ansiosos y de duda se elevan más fácilmente cuando la mente, distraída, falta a la guarda silenciosa del propio corazón. Los Padres antiguos, en su divina sabiduría, consiguieron la victoria sobre el desánimo y lograron la iluminación y la fuerza interior gracias a la esperanza en Dios, al silencio y a la soledad. Nos dejaron este útil y prudente consejo: «Permanece en silencio en tu celda y lo aprenderás todo».

La soledad y el silencio son algo activo

Wikimedia CommonsFile:John the Silent of St. Sabbas’ Monastery (Menologion of Basil …

El solitario que vive en el silencio no sólo no se encuentra en una condición de inactividad y de ocio, sino que es activo en su más alto grado, más que el que participa en la vida social. Trabaja incansablemente según la parte más elevada de su naturaleza racional; se guarda a sí mismo; medita, vigila sobre el estado y el progreso de su existencia moral. Esta es la verdadera finalidad del silencio. Y en la medida en que es útil a su perfeccionamiento, lo es también al del prójimo, privado de la posibilidad de concentrarse en sí mismo, sin distracciones, para dedicarse a la propia edificación moral. Quien vigila en el silencio, comunicando sus experiencias interiores, sea a voces (en casos excepcionales), sea confiándolas al papel, contribuye eficazmente al beneficio espiritual de los hermanos, su aportación es mayor y de más alta calidad que la del hombre caritativo, porque la caridad privada y emotiva de la gente del mundo es algo siempre limitado a un pequeño número de beneficiarios. En cambio, quien ofrece beneficios divulgando convenientes y experimentados métodos de perfeccionamiento espiritual, se convierte en benefactor de pueblos enteros.

El silencio es más que las obras

Acerca de la importancia del silencio, San Isaac el Sirio nos dice: «Si ponemos sobre el platillo de una balanza todas las acciones de esta vida y sobre el otro el silencio, veremos cómo este desequilibra la balanza». «No pondrás frente a frente a aquel que realiza grandes prodigios y obras en el mundo con el que vive en el silencio. Ama la inactividad del silencio más que saciar el hambre de este mundo o convertir muchos pueblos a Dios. Es mejor liberarte a ti mismo de las ataduras del pecado, que liberar a los esclavos de su esclavitud».

«El silencio es la madre de la oración, la vuelta de la cautividad del pecado, el acontecimiento insensible que nos conduce a la virtud y un continuo ascenso al cielo».

Oración por los demás

La vida de los hombres se basa en relaciones muy estrechas y en un fortísimo influjo de unos sobre los otros, cada uno imita a las personas entre las que vive, asume sus costumbres, conducta y moral. Consiguientemente el que es frío puede apasionarse, el necio despertar, el perezoso pasar a la acción, gracias al interés que hay en sus semejantes. El espíritu puede transmitirse a espíritu e influir eficazmente uno sobre otro, atraerlo a la oración, a la atención, aliviarle en el desconsuelo, disuadirle en el vicio, estimularle a acciones santas. Y así, quienes se ayudan mutuamente, pueden hacerse más piadosos, espiritualmente más fuertes, más fervientes. He aquí el secreto de la oración por los demás, que explica la devota costumbre de los cristianos de orar unos por otros, de pedir oraciones fraternas.

Orar por quien ha dejado la tierra es recíprocamente benéfico, por la estrecha unión del mundo celestial con el nuestro.

El poder de la imaginación

WikipediaArchivo:5201-king-david-in-prayer-pieter-de-grebber.jpg – Wikipedia …

La fuerza de este tipo de oración consiste en la sincera compasión cristiana para con el prójimo, y según sea esta compasión, así influirá en el otro. Por lo tanto, en el momento en que te acuerdas de él –de tu prójimo–, o en el tiempo establecido para hacerlo, conviene evocar mentalmente su imagen ante la presencia de Dios, y ofrecer la oración en la forma siguiente: «Señor, Jesucristo, Hijo de Dios, ten misericordia de tu siervo… (y se dice el nombre). También es posible orar al mismo tiempo por los demás, y por uno mismo: «Señor, Jesucristo, Hijo de Dios, ten misericordia de mí, pecador y de tu siervo… (se dice el nombre). Si se desea orar por más personas se puede utilizar la siguiente fórmula: «Señor, Jesucristo, Hijo de Dios, ten misericordia de nosotros, pecadores».



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