Resumen completo de Introducción a la Vida devota por San Francisco de Sales

 ha reseñado
4.1
18 May, 2019

Cuando tomas en serio tu mundo interior, corres el riesgo de estancarte en los áridos páramos de la espiritualidad. En lo más profundo del ser, queda revelada una dimensión hasta entonces desconocida. Encontramos una parte de nosotros que se expresa sin palabras, que habla con el corazón. Experimentamos la incertidumbre de un camino pedregoso hacia un Dios escondido y lejano. Los grandes místicos parecen cumbres inaccesibles. La lectura de libros devocionales puede ayudarnos en esta aventura de autoconocimiento. Son el manual de instrucciones para alcanzar a Dios.

Libros devocionales

Famosos líderes políticos, tenían este tipo de libros en sus bibliotecas. Stalin, por ejemplo, todo un icono comunista, tenía en su despacho los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola. Dada su carrera de represión y muerte, parece que no lo aprovechó mucho.

«Introduccióna la vida devota» está escrito en el año 1604. El lenguaje resulta antiguo en algunos momentos, pero está bien traducido y se entiende perfectamente. Explica patrones de oración y meditación de forma práctica. Se describen ejercicios de carácter espiritual, cuyas enseñanzas morales son aplicables hoy día. Un clásico católico que no pasa de moda. La verdad siempre permanece.

Los métodos

El libro comienza definiendo el concepto de devoción y se le le compara a una «escalera espiritual». Concepto muy repetido en otras muchas obras devocionales, como la «Escalera Espiritual» de San Juan Climaco.

El libro está enfocado a todo aquél que desee enmendarse y empezar desde cero un camino de liberación y acercamiento a Dios. Se hace a través de una confesión general y una purificación consistente en una serie de meditaciones. Para cada una de las meditaciones, se ofrecen las consideraciones oportunas y un esquema detallado de cómo deben hacerse.

El libro recoge un amplio abanico de prácticas devocionales. No se centra en una, sino que es más bien un compendio. Desde las sacramentales hasta las relacionadas con la vida individual. Entre las primeras destacaríamos: cómo escuchar Misa o cómo confesarse. Nos da una guía detallada sobre cómo preparar la confesión, teniendo en cuenta nuestra actitud con Dios, el prójimo y nosotros mismos. Entre las devociones vitales: cómo orar, las amistades, los negocios, la sequedad espiritual, el sufrimiento, la ansiedad, etc.

Se tocan estados de la persona que, en sus estados más intensos, bien valdrían una visita al psiquiatra. Se prestan buenos consejos para trastornos tan variopintos como: la ira, la pobreza, la tristeza, la ansiedad, la impaciencia. Siempre con Dios como centro, que es la fuente de la verdadera felicidad.

Otra recomendación es no hablar mal de otros. Incluso en su ausencia, debemos excusarlos. Cristo excusó a sus verdugos en la cruz. Si alguien habla mal de un tercero ausente, no tenemos que seguirle el juego e incluso tenemos que excusar al ausente.

En muchas partes del libro, se recomienda la asistencia de un director espiritual. Así como de la elección de amigos devotos con los que compartir el desarrollo espiritual. La comunicación es importante. También la perseverancia en la fe. La vida es una sucesión de victorias y derrotas. Hay que tener un espíritu combativo.

El camino pedregoso

El sufrimiento es un misterio. El autor le da sentido, trata aceptarlo como medio de unión con Dios y como perfeccionamiento de nuestras virtudes. El alma purificada de esta forma consigue la salvación.

Ante la enfermedad, hay que prestar atención a las llagas y arengarse para superarla. Con este espíritu tenemos que afrontar nuestra lucha espiritual.

Una parte muy agradecida del libro es la referente a la aridez espiritual. Grandes Santos la han sufrido. San Bernardo es un ejemplo. Forma parte del combate espiritual de todo cristiano. Se dan buenos consejos para afrontarla. Quizás lo más recomendable es multiplicar las buenas obras. También se hace incapié en el descanso y la recreación. Un cuerpo cansado es presa de la sequedad espiritual.

La oración más grata a Dios es la que se hace por fuerza y con tedio, es decir, aquella a la cual somos llevados, no por el gusto que en ella sentimos, ni por la propia inclinación, sino únicamente por el deseo de agradar a Dios.

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Contra la ansiedad

La inquietud proviene del deseo desordenado de librarse del mal que se siente o de adquirir el bien que se espera, y, sin embargo, nada hay que empeore más el mal y que aleje tanto el bien como la inquietud y el ansia.

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Luego, cuando te apremie el deseo de verte libre de algún mal o de poseer algún bien, ante todo es menester procurar el reposo y la tranquilidad del espíritu y el sosiego del entendimiento y de la Voluntad, y después, suave y dulcemente, perseguir el logro de los deseos, empleando, con orden, los medios convenientes.

Examina, pues, una vez al día a lo menos, o por la noche y por la mañana, si tienes tu alma en tus manos, o si alguna pasión o inquietud te la ha robado: considera si tienes tu corazón bajo tu dominio, o bien si ha huído de tus manos, para enredarse en alguna pasión des ordenada de amor, de aborrecimiento, de envidia, de deseo, de temor, de enojo, de alegría.

No permitas que tus deseos te inquieten, por pequeños y por poco importantes que sean; porque, después de los pequeños, los grandes y los más importantes encontrarán tu corazón más dispuesto a la turbación y al desorden. Cuando sientas que llega la inquietud, encomiéndate a Dios y resuelve no hacer nada de lo que tu deseo reclama hasta que aquélla haya totalmente pasado, a no ser que se trate de alguna cosa que no se pueda diferir; en este caso, es menester refrenar la corriente del deseo, con un suave y tranquilo esfuerzo, templándola y moderándola en la medida de lo posible, y hecho esto, poner manos a la obra, no según los deseos, sino según razón.

Contra la tristeza

La melancolía es uno de los males de nuestro tiempo. Hay una tristeza buena, que es la que nos lleva al arrepentimiento y la salvación. Sus frutos son la Misericordia y la penitencia. La mala conduce a la muerte porque sus frutos son: angustia, pereza, celos, envidia, impaciencia e indignación.

La tristeza mala perturba el alma, la inquieta, infunde temores excesivos, hace perder el gusto por la oración, adormece y agota el cerebro, priva al alma del consejo, de la resolución, del juicio, del valor, y abate las fuerzas; en una palabra, es como un invierno crudo que priva a la tierra de toda su belleza y acobarda a los animales, porque quita toda suavidad al alma y la paraliza y hace impotente en todas facultades.

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Remedios

  • Oración para elevar el espíritu.
  • Contrariar las inclinaciones de la tristeza, y, aunque te parezca que en este estado, todo lo haces con frialdad, pena y cansancio, no dejes, empero, de hacerlo; porque el enemigo, que pretende hacernos aflojar en nuestras buenas obras mediante la tristeza.
  • Canta himnos espirituales
  • Haz obras exteriores, y variarlas cuanto sea posible, para distraer el alma del objeto triste, purificar y enfervorizar el corazón, pues la tristeza es una pasión de suyo fría y árida.
  • Haz actos exteriores de fervor, aunque sea sin gusto, como abrazar el crucifijo, estrecharlo contra el pecho, besarle las manos y los pies, levantar los ojos al cielo, elevar la voz hacía Dios con palabras de amor y de confianza.
  • Disciplina
  • Comunión
  • Comunícalas a tu director espiritual y amigos espirituales
  • Resígnate en las manos de Dios, disponiéndote a padecer esta enojosa tristeza con paciencia, como un justo castigo a tus vanas alegrías, y no dudes de que Dios, después de haberte probado, te librará de este mal.

Amor intemporal

Un tema especialmente bello es el amor de Dios por nosotros. Dios nos ama desde la eternidad, desde antes de habernos creado. Impresiona que un devocional del siglo XVII, toque un tema que hoy parece de ciencia ficción. Sería científicamente plausible para Dios – un ser privado de las limitaciones espacio-tiempo. Él nos ha elegido y creado. Todos somos sus hijos.

Esta sentencia tiene unas profundas implicaciones teológicas. Implica que – en cualquier momento – podemos acompañar a Nuestro Señor Jesucristo en su agonía en el huerto de Getsemaní.

Considera el amor eterno que Dios te ha tenido; porque ya antes de que Nuestro Señor Jesucristo, en cuanto hombre, sufriese en la cruz por ti, su divina Majestad te concebía en su soberana bondad, y te amaba en gran manera. Mas, ¿cuándo comenzó a amarte? Comenzó cuando comenzó a ser Dios. ¿Y cuándo comenzó a ser Dios? Nunca, pues siempre ha sido, sin principio ni fin, y te ha amado siempre desde la eternidad; por esto te preparaba las gracias y los favores que te ha hecho. Lo dice por el profeta: «Te amaré (dice a ti y a cada uno de nosotros) con un amor perpetuo; por lo tanto te atraje, compadecido de ti».

Ha pensado, pues, entre otras cosas, en hacerte formar tus resoluciones para servirle. ¡Dios mío! ¡Qué resoluciones son éstas, pensadas, meditadas, proyectadas por Dios, desde toda la eternidad! ¡Cuán amadas y preciosas han de ser para nosotros! ¡Qué no hemos de sufrir, antes que dejar perder una sola brizna de ellas! Ciertamente, ni que se hubiese de perder todo el mundo para nosotros, pues todo el mundo junto no vale lo que vale una alma, y una alma no vale nada sin nuestras resoluciones.

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Del mismo modo, el amor por nosotros del Hijo de Dios. Cristo pensó en cada uno de nosotros durante su agonía en la cruz. En palabras de San Pablo: «Me amó y se entregó por mí».

Estos pensamientos se relacionan con la Biblia en Proverbios 8:22, donde Cristo se hace participe de la creación:

22. El Señor me creó en el comienzo de sus obras, antes que comenzara a crearlo todo.

23. Desde la eternidad fui constituida; desde el comienzo, antes del origen de la tierra.

24. Cuando el abismo no existía, fui yo engendrada; cuando no había fuentes, ricas en aguas.

25. Antes que los montes fueran fundados, antes de las colinas fui yo engendrada;

26. Cuando aún no había hecho la tierra y los campos, ni los elementos del polvo del mundo.

27. Cuando estableció los cielos, allí estaba yo; cuando trazó un círculo sobre la faz del abismo,

28. Cuando condensó las nubes en lo alto, cuando fijó las fuentes del abismo,

29. Cuando asignó su límite al mar para que las aguas no salieran de sus límites, cuando echó los cimientos de la tierra,

30. Yo estaba a su lado como arquitecto, y yo era cada día sus delicias, recreándome todo el tiempo en su presencia

Conclusión

En definitiva, un buen libro devocional. Me ha gustado, lo he puntuado en Goodreads con 4 de 5 estrellas. Creo que volveré a leerlo. Puede que no como esta primera vez, es decir, todo de una sola vez. Sino por partes. Podría considerarse como un diccionario devocional. O un manual de consulta.

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